Hay países fraguados en torno a conquistas, alianzas dinásticas, guerras, por puro capricho de la geografía, un sentimiento de pertenencia arraigado en una cultura, idioma e historia compartidos o incluso en base a algo tan prosaico como intereses y enemigos comunes. Y luego está el Principado de Sealand, una nación nacida directamente del amor de un hombre por la radiodifusión pirata.
Eso y una buena dosis de morro. Y de amor. Y de improvisación en tiempos de guerra. Y de pesca de berberecho. Y de mercenarios. En la génesis de Sealand está todo eso y otros cuantos ingredientes más que bien darían para una tragicomedia política, una peli que a fuerza de ceñirse a la realidad y los hechos verídicos acabaría resultando delirantemente inverosímil. Un híbrido chusco entre 'Braveheart' y 'Waterworld'.
De avanzadilla de defensa a micronación
Veamos, resumiendo: Sealand es una antigua fortaleza construida por Reino Unido en el Mar del Norte que en 1960 se declaró un estado independiente y ostenta desde entonces y con toda pompa el autodesignado título de micronación más pequeña del mundo. Mimbres tiene para ello, desde luego: con sus 500 m2, a su lado el Vaticano o Liechtenstein son auténticos mega países.
Sealand tiene su propia familia real, moneda, aristocracia —al menos hasta hace no mucho podías sumarte al selecto club de nobles del Principado por unos 40 euros—, sellos y franqueo para enviar cartas que difícilmente llegarán a lugar alguno si no es con ayuda de un bote… Ah, y un himno digno de la URSS que parece fundir el tema de 'Jurassic Park' y la marcha imperial de 'Star Wars'.
¿Cómo es todo eso posible? Para entenderlo hay que remontarse a los años 40, a la Segunda Guerra Mundial, cuando Reino Unido decidió levantar fortalezas para proteger sus costas. Con los bombarderos nazis zumbando sobre Londres y otras ciudades británicas la prioridad absoluta era blindar el litoral del país y crear bases marinas donde fijar artillería antiaérea. Lo de cómo de apropiado era el lugar en el que se instalaban aquellas torres… Eso era lo de menos, minucias para tiempos de paz.
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Resultado: Reino Unido desplegó sus famosas fortalezas Maunsell por los estuarios de los ríos Támesis y Mersey y al menos una de ellas, la HM Fort Roughs, una plataforma alzada sobre dos enormes pilares de hormigón, se ancló en aguas internacionales, fuera de los límites territoriales de Gran Bretaña. En los 40 las Maunsell prestaron un servicio valioso; pero finiquitada la guerra y con el paso de los años acabaron convirtiéndose en enormes armatostes, un incordio para la navegación, grandes moles herrumbrosas que harían salivar a cualquier apasionado del steampunk.
Hubo quien vio en la silueta solitaria y oxidada de HM Fort Roughs algo más. Amplia, aislada, en aguas internacionales pero al mismo tiempo a escasos 13 kilómetros de la costa de Suffolk, aquella vieja plataforma no tardó en presentarse como El Dorado para los piratas radiofónicos.
Hoy puede sonar extraño, pero en los 60 la BBC tenía el monopolio de la radio en Reino Unido y quienes querían romper con su monocromática programación y disfrutar de la nueva música popular que llegaba de EEUU se veían obligados a echar mano de emisoras piratas, como Radio Caroline o London, que llegaban a emitir desde barcos. Tan grave fue su competencia que en 1967 el Gobierno acabó aprobando una ley de delitos marítimos para ilegalizar las emisiones piratas desde el mar.
En ese contexto HM Fort Roughs y sus “aguas libertarias” eran casi el paraíso. Lo vieron varios piratas. Y lo vio Paddy Roy Bates, personaje tan pintoresco como inteligente. Unos cuantos años antes, a principios de los años 60, Bates, un exoficial del ejército británico reconvertido en pescador, había lanzado su propia emisora pirata, Radio Essex. Para emitir había instalado todo su equipo en una vieja fortaleza naval abandonada, Knock John; pero el Gobierno inglés no tardó en hacer valer su dominio y obligó a Bates a recoger sus bártulos y desalojarla.
"¿Qué hacer entonces?", debió de pensó Bates. Sobre la mesa tenía dos opciones. Dejarlo pasar, olvidarsed e Radio Essex y seguir con su plácida existencia como veterano de guerra y pescador o buscar un nuevo lugar en el que instalarse. Optó por la última, claro, y no vio mejor candidata para sus planes que otra fortaleza marina, más alejada de la costa que Knock John, lo suficiente como para escaparse del control británico: Fort Roughs.
Allí se plató la víspera de Navidad de 1966 y tomó el control de la plataforma desde la que los soldados británicos habían observado Europa en los 40. Bates no tardó sin embargo en hacerse una pregunta: aquello de las radios piratas estaba muy bien, pero… ¿Por qué no aprovechar la tesitura, la peculiar condición de la vieja fortaleza militar, y declararla como estado independiente?
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Igual que si de un parto se tratara, nueve meses después —el 2 de septiembre de 1967— Bates izaba la bandera de Sealand en una ceremonia con tanta pompa como delirio, flanqueado por su familia y amigos. Había nacido una nueva micronación en los mares del mundo. La fecha no fue casual. Bates escogió el cumpleaños de su mujer, Joan. Hay quien en esos casos regala flores, bombones o un suéter y quien, como Bates, entrega a su esposa un título de Princesa.
Lo normal, lo esperable en 1967, hubiese sido que aquel exabrupto independentista protagonizado por un exoficial y una vieja plataforma de ultramar que no alcanzaba el tamaño de un campo de fútbol se hubiese quedado en eso, una anécdota curiosa en las páginas de la prensa local de Suffolk; pero si por algo destacaba Paddy además de por su determinación, era por su inteligencia.
El viejo radioaficionado supo interpretar a su favor la legislación y se atrincheró en aquel pedazo de hierro herrumbroso situado en el Mar del Norte, a 13 kilómetros de la costa, del que se autoproclamó soberano. A mediados de los 70 redactó incluso una Constitución y adoptó su propia moneda oficial. Ningún estado reconocía su peculiar micronación, claro; pero —como explica con orgullo el príncipe Michel, hijo de Paddy— lo cierto es que tampoco ellos habían pedido reconocimiento alguno.
En sus buenos años en Sealand llegaron a vivir medio centenar de personas y la plataforma se convirtió en una suerte de símbolo, un epítome del rechazo a la autoridad británica. El lema adoptado por Sealand lo dejaba claro ya como tarjeta de presentación: “E Mare, Libertas” (Del mar, libertad).
Eso de puertas afuera. Dentro de la vieja HM Fort Roughs la cosa era bastante menos épica. “No funcionaba nada. Comenzamos con velas y luego pasamos a lámparas contra huracanes y generadores de bombeo”, recordaba años después Michel a... —¡Ironía!— la BBC.
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Quizás si la fortaleza estuviese en un punto menos estratégico, menos atractivo y sobre todo céntrico, su historia hubiese pasado inadvertida. Al fin y al cabo, para librarse de aquella peculiar micronación el Gobierno no tenía más que esperar a que la plataforma y su dinastía envejeciesen. Sin más. El caso es que su enclave, en pleno Mar del Norte, a las puertas de Reino Unido, no pasó desapercibido y empezó a escamar a las autoridades. En algún documento clasificado los altos mandos del país llegaron a tacharla como una “Cuba frente a la costa este de Inglaterra”.
Pasaportes, sellos, himnos, banderas y casas reales aparte, en lo que sí se parece Sealand a otras naciones es en que su historia está salpicada de enfrentamientos y algún que otro episodio violento. En su web oficial se relata cómo poco después de proclamarse el Principado, el ejército británico sobrevoló la zona y se dedicó a destruir otras bases similares en aguas internacionales. En una ocasión —aseguran desde Sealand— llegaron a darse incluso disparos de advertencia.
Michael Bates, de Sealand. El episodio más curioso se dio sin embargo unos cuantos años después, en 1978, cuando un abogado alemán contrató a un grupo de mercenarios para tomar la plataforma aprovechando que Paddy y Joan estaban en Inglaterra. El letrado en cuestión había conseguido uno de los pasaportes expedidos por Sealand, así que aquello se presentó como una especie de golpe de Estado.
¿El problema El abordaje fue un desastre y el aspirante a primer ministro acabó convirtiéndose en prisionero de Michel y sus amigos, pertrechados en la plataforma con ametralladoras, y acusado de alta traición. El bueno del abogado estuvo detenido semanas bajo una fianza de 35.000 dólares y su liberación requirió la intervención de un diplomático germano, lo que para Paddy y los suyos fue mejor que cualquier victoria militar: en aquellas reuniones con gente de Estado de la República Federal Alemana (RFA) vio al fin una especie de reconocimiento oficial a su estatus.
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Se pudiese o no interpretar lo sucedido como un reconocimiento de facto, a Paddy y sus súbditos le sirvió de más bien poco. En 1987 Reino Unido amplió su franja marina lo suficiente como para dejar Sealand dentro del territorio nacional. Aquello pudo ser el mazazo definitivo a las aspiraciones de la plataforma, pero el Principado del Mar del Norte no estaba dispuesto a dar su brazo a torcer y siguió a lo suyo, ejerciendo como la micronación más pequeña del mundo y ampliando su base de ciudadanos... e incluso su peculiar lista de aristócratas, todo a golpe de microdonación.
En 2007 la familia llegó a poner a la venta la nación sin demasiado éxito por unos 750 millones de euros y en 2012 izó a media hasta la bandera por el fallecimiento de Paddy. Desde entonces el trono está en manos de su hijo, Michael I, quien al menos en 2020 compaginaba su labor como soberano del Principado de Sealand con una empresa de exportación de berberechos. En febrero estaba embarcado en el rodaje de un documental para contar la historia de su peculiar "patria chica".
"Nuestra historia todavía apasiona a la gente", explica orgulloso el rey. Tan satisfecho se muestra de su historia, que en mayo incluso echó mano de las redes sociales para felicitar a Carlos III por su coronación como monarca de Reino Unido, felicitación que envió "de una Familia Real a otra".
Al menos en 2017 Sealand acogía a dos personas de forma permanente. Curiosamente Michael I tenía su residía en la costa. Por lo pronto, y quizás en un nuevo capítulo de la peculiar historia de la micronación, ha empezado a interesarse ahora por las criptomonedas y los NFT.
Imágenes: Richard Lazenby, Ryan Lackey y EL SARO 92 (Wikipedia)
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- La noticia La delirante historia de Sealand, la antigua plataforma flotante convertida en micronación independiente y habitada fue publicada originalmente en Xataka por Carlos Prego .
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Llega el verano y, con él, el tradicional lanzamiento del nuevo flagship de Sony. Enfrentarse al análisis del nuevo Sony Xperia 1 siempre es una experiencia de lo más interesante y, en lo personal, me parece un móvil muy divertido por un motivo muy simple: la compañía japonesa parece no querer seguir las reglas.
Lleva varias generaciones apostando por un terminal premium que no se limita a reinventarse cada año, sino a mejorar apartados aquí y allá mientras mantiene una filosofía totalmente diferente a la del resto de fabricantes. Están metidos en la batalla de especificaciones, sí, pero la afrontan a su estilo, y tras dos semanas con el Sony Xperia 1 V, te cuento qué tal la experiencia con un terminal que aspira a ser uno de los mejores móviles de 2023.
Ficha técnica del Sony Xperia 1 V
Sony Xperia 1 v PANTALLA Panel OLED de 6,5 pulgadas
Resolución de 3.840 x 1.644
643 píxeles por pulgada
Relación de aspecto 21:9
HDR BT.2020 DIMENSIONES Y PESO 165 x 71 x 8,3 mm
187 gramos PROCESADOR Snapdragon 8 Gen 2 RAM 12 GB LPDDR5X ALMACENAMIENTO 256 GB
UFS 4.0 CÁMARA FRONTAL 12 Mpx f/2.0
Sensor de 1/2,9 pulgadas
Grabación 4K30 CÁMARA TRASERA Principal: 48 Mpx f/1.9, OIS, equivalente a 24 mm
Gran angular: 12 Mpx f/2.2
Ttelefoto: zoom de 3,5x f/2.3 a 5,2x f/2.8, OIS BATERÍA 5.000 mAh
Carga por cable de 30 W
Carga inalámbrica
Carga inversa inalámbrica SISTEMA OPERATIVO Android 13 CONECTIVIDAD Wifi 6e
NFC
Bluetooth 5.3
GPS, GLONASS, BDS, GALILEO
Jack de auriculares
USB-C con salida de vídeo OTROS Pantalla Gorilla Glass Victus 2
Certificación IP68
Sensor de huellas en el lateral
Tarjeta de SIM y microSD extraíble fácilmente
Sin cargador en la caja PRECIO 1.399 euros
Sony Xperia 1 V Smartphone Android 13 Libre con 6.5'' 4K HDR, OLED, 120Hz, Cámara con Triple Objetivo (con Next Gen Sensor & ZEISS), 12GB RAM, 256GB Almacenamiento, IP65/68, Dual SIM híbrida Hoy en Amazon por 1.286,16€
Hoy en Ebay por 1.519,15€
Un diseño que mantiene la tradición
En el 2019, Sony encontró la manera de simplificar los nombres de sus móviles y, además, desmarcarse con un diseño único. Con el Xperia 1 estrenaron esa línea de diseño alargada con una relación de pantalla de 21:9 que transmiten una sensación única entre las manos. Te puede gustar más o menos (a mí me encanta), pero está claro que es diferente.
Con el Xperia 1 II mantuvieron ese formato, pero rediseñaron la trasera moviendo las cámaras hacia uno de los laterales, algo que no ha variado en las últimas generaciones. De hecho, tenemos un móvil prácticamente calcado al Xperia 1 IV del año pasado, que a su vez era idéntico al Xperia 1 III, pero sí hay ligeros cambios.
Aunque se mantiene ese color negro con acabado mate y el módulo de cámaras es prácticamente igual (se pierde el sensor ToF, se ha cambiado la posición del flash y ahora tenemos un micrófono enorme), las sensaciones en la mano son distintas. La trasera sigue siendo de cristal con protección Gorilla Glass Victus, pero el acabado tiene una textura rugosa gracias a varios centenares de puntitos que sobresalen.
¿Has tocado un mando de PS5 o de Xbox Series X? Pues esa misma sensación que tenemos en los agarres es la que tenemos con este Xperia, pero con un mejor tacto gracias al cristal, claro. Si alguna generación anterior podía resbalarse entre las manos, esta no lo hace y, además, las huellas no se quedan con facilidad.
El módulo de cámaras sobresale, así que si escribes un mensaje con el móvil apoyado en la mesa, bailará, pero por lo menos, como digo, ya no se resbala. Los laterales ofrecen unas geniales sensaciones gracias tanto al aluminio como a su diseño rayado. Está claro que es distinto entre manos no solo por el formato, sino por el acabado, y eso es algo que es de agradecer cuando funciona.
El lateral izquierdo está totalmente despejado, en la zona superior encontramos el jack de auriculares, en la zona inferior tenemos una ranura de DualSIM o SIM más microSD de hasta 1 TB. Se puede extraer sin necesidad de utilizar el pinchito (sin que el móvil pierda su certificación IP68) y en el lateral derecho tenemos más botones de los que solemos ver.
Para empezar, están los de volumen y el de bloqueo, que además actúa como sensor de huellas. Ofrecen un tacto muy, muy bueno, acompañando perfectamente las sensaciones del resto de superficies, pero también tenemos un botón dedicado para la cámara.
Se trata del obturador que podemos presionar por completo para hacer la fotografía, pero hasta la mitad para enfocar. Esta media pulsación es muy fácil de sentir para que no nos equivoquemos y, además, el botón no tiene un acabado plano, sino rugoso que ayuda a ubicarlo sin tener que mirar y a no perderlo si vamos caminando.
Estos botones también están acabados en aluminio y, en general, cuando lo sostienes por primera vez si no has tenido una generación entre manos, enseguida te das cuenta de que estás ante algo completamente diferente: extremadamente premium por los materiales, pero con una pantalla que rompe con el mercado.
Pantalla con resolución 4K y los peculiares 21:9
Esa apuesta conservadora de Sony en cuanto al formato se aplica a la pantalla. De hecho, si bien los acabados de este modelo son los más diferentes desde los del Xperia 1 II, con la pantalla no podemos decir lo mismo.
La compañía japonesa parece que mantiene esa idea de no cambiar lo que funciona. Para lo bueno y lo malo, el panel del Xperia 1 V es prácticamente idéntico al de la generación anterior. Repite la diagonal de 6,5 pulgadas con esa relación de aspecto de 21:9 que, como decíamos y como puedes ver, es más alargada de lo habitual.
El panel es brutal: resolución 4K, un brillo suficiente para cualquier situación y una reproducción de color espectacul
Esto hace que el móvil sea algo más estrecho y, aunque entiendo que puede ser incómodo para algunos usuarios, es algo que va en gustos y, en lo personal, me encanta. El motivo es que se sostiene genial con una sola mano y en la calle puedo responder un mensaje sin necesidad de escribir con los dos pulgares.
Eso sí, reconozco que no es el más cómodo para escribir con ambas manos debido al tamaño del teclado, y que seguramente tengas que usar el modo de accesibilidad para llegar a la zona superior con una sola mano debido a lo alargado que es, pero siempre me ha gustado esta relación de aspecto.
Cuando ves un vídeo grabado a 16:9 o 18:9, los formatos más populares en YouTube, por ejemplo, tienes dos enormes barras negras en los laterales. Puedes ampliar, sí, pero perderás un montón de información. Ahora bien, cuando utilizas la pantalla partida, me parece más cómoda que en otros teléfonos para tener YouTube y Twitter uno al lado de otro.
Donde realmente brilla es cuando reproducimos contenido que tiene esa proporción muy panorámica, como una película, y que además sea HDR y 4K. Sony sigue apostando por una resolución de locos (2.840 x 1.644 píxeles) y, gracias a los 10 bits y a la gama BT.2020, una película como 'Avatar: El sentido del agua' es una locura en este terminal.
No solo la profundidad de color, sino la resolución en algo que tienes entre manos y el brillo de la imagen. Para consumir contenido, es un móvil alucinante. Y hablando del brillo, Sony no lo especifica, pero no vas a tener ningún problema a la hora de ver contenido en exteriores, incluso en días tan soleados como los del verano. Además, el sensor automático funciona de escándalo y no he tenido que regular el brillo ni una sola vez.
Detalle de la matriz de píxeles en modo 4K.
Si te quieres poner a toquetear los ajustes de pantalla, puedes realizar un completo balance de blancos, puedes elegir entre el modo estándar o el modo creador (el 4K con BT.2020 y un procesamiento de imagen propio) o configurar ese modo estándar con el modo creador automático en ciertas apps.
Si eliges esto, por defecto se activa el modo automático en Fotos, en Instagram (no lo entiendo) y en Netflix. Sin embargo, puedes personalizarlo para que también se aplique a otras apps que elijas del teléfono. Puedes activar la iluminación inteligente (que no apaga la pantalla si el teléfono nota que lo estamos sujetando con la mano), tenemos modo de pantalla siempre encendida con reloj y notificaciones y te recomiendo activar los 120 Hz.
Por defecto llega configurado a 60 Hz y, aquí viene la nota negativa, seguimos sin tener un panel LTPO. Teniendo en cuenta la cantidad de móviles de gama premium que, desde hace algunas generaciones, cuentan con paneles que son capaces de ir de 1-10 a 120 Hz, no entiendo por qué Sony es reticente a esto que, además, podría ayudar con la batería.
Pero bueno, pese a esta sombra, la experiencia con el panel es brillante y es una pantalla que atrapa. Se ve de escándalo, vaya.
Sonido envolvente y vibración dinámica
Una gran experiencia visual debe ir acompañada de un sonido a la altura. Aquí lo tiene, pero con matices. Para empezar, volvemos a tener una pareja de altavoces en el frontal. Están diseñados para que activemos el audio 360 y consumamos contenido en horizontal. De esta manera, ese sonido nos envuelve.
Y sí, se nota el efecto, pero no es el cambio tan radical que puedes estar pensando. Considero que son unos buenos altavoces que no distorsionan cuando subimos el volumen, algo que vas a tener que hacer más de la cuenta.
Y es que, la barra de volumen es peculiar porque el 65% de la misma no ofrece cambios sustanciales una vez vamos subiendo, pero es en el último tramo del 35% cuando notamos los mayores saltos.
No me parece algo malo, sí un poco confuso, pero al final el volumen máximo no es tan alto como cabría esperar. Pero bueno, ya digo que me parece un buen apartado sonoro y Sony incluye un sistema de vibración interesante: buenas sensaciones con la vibración cotidiana, pero en algunas apps podemos hacer que vibre al ritmo de algunos sonidos.
Es interesante para aumentar la inmersión, pero cuidado con pasarse porque la batería no es infinita. Por lo demás, si tienes unos auriculares de alta definición y los conectas por cable, y la música que albergas en tu teléfono acompaña (teniendo en cuenta todo el lío de códecs y demás), vas a disfrutar de una experiencia genial.
Un hardware a la última que no se lleva bien con el calor
Algo tan tradicional como el diseño alargado o la pantalla 4K, es la gestión de temperatura de los móviles de Sony. Es curioso, pero al lanzar sus móviles coincidiendo con el verano español, el calor ambiental no ayuda a la hora de analizar un Sony Xperia que, además, no cuenta con un buen sistema de disipación.
Es algo que hemos visto generación tras generación, con un Xperia 1 IV que sufría de throttling -estrangulamiento térmico- a la mínima, y del que este Xperia 1 V no se salva, incluso, cuando tiene un SoC, el Snapdragon 8 Gen 2, que gestiona muchísimo mejor los recursos para evitar el sobrecalentamiento.
No es tan drástico como el año pasado, pero el problema de temperatura típico de los Xperia sigue presente incluso con el Snapdragon 8 Gen 2
Otros móviles con este SoC como el OnePlus 11, el Xiaomi 13 Pro o incluso un S23 Ultra con el mismo SoC subido de vueltas, gestionan mucho mejor la temperatura. En el Zenfone 10, que es un compacto, sí hemos visto que la estabilidad es inferior, pero este Xperia no se lleva bien con el rendimiento sostenido.
A continuación, puedes ver las gráficas de dos aplicaciones que utilizamos para comprobar el rendimiento sostenido y los datos no son buenos:
Con juegos o grabando vídeo a 4K en exterior, te va a pasar, teniendo problemas como algunos microcortes jugando o con cortes en los vídeos, pero aunque en el día a día el throttling no sea un problema, notarás que el móvil coge temperatura con facilidad.
En una terraza tomando algo a la sombra, si navegas o haces un par de fotos, el terminal empieza a notarse más calentito. No es alarmante, como digo no se reduce el rendimiento, pero es algo que está ahí.
No he tenido los problemas de avisos del año pasado, cuando a la mínima la cámara me decía que no podía realizar seguimiento de objetos por sobrecalentamiento, pero Sony sigue con automatismos como bajar la frecuencia de la pantalla cuando se calienta de más o no dejar usar la cámara con un 5% de batería.
Por lo demás, el SoC es una bestia y algo que me encanta es que la memoria (tanto la RAM como el almacenamiento) es rapidísima. Hemos medido una escritura secuencial de 930,32 MB/s con una lectura de unos alucinantes 2,07 GB/s. Cuando queremos copiar archivos o manejar algo pesado, el móvil vuela y sólo puedo pensar cómo habría quedado en los test sintéticos con una mejor gestión de temperatura.
Sony Xperia 1 V asus zenfone 10 Xiaomi 13 Ultra Honor magic5 pro ONEPLUS 11 IPHONE 14 PRO SAMSUNG GALAXY S23+ PROCESADOR Snapdragon 8 Gen 2 Snapdragon 8 Gen 2 Snapdragon 8 Gen 2 Snapdragon 8 Gen 2 Snapdragon 8 Gen 2 Apple A16 Bionic Snapdragon 8 Gen 2 (for Galaxy) RAM 12 GB 16 GB 16 GB 12 GB 16 GB 6 GB 8 GB GEEKBENCH 5/6 (SINGLE/MULTI) 1.961 / 4.777 (6) 2.030 / 5.689 (6) 1.982 / 5.492 (6) 1.914 / 5.049 (6) 1.176 / 4.960 (5) 2.508 / 6.306 (6) 2.019 / 5.308 (6) 3D MARK Wild Life Unlimited 13.667 14.035 13.978 13.741 14.018 12.344 14.250 3D MARK Wild Life Stress Unlimited 13.742 / 5.526 14.039 / 9.704 13.926 / 12.788 13.765 / 9.226 14.250 / 11.186 12.344 / 7.931 14.018 / 13.968 PCMARK WORK 15.488 18.169 15.048 14.897 11.406 - 15.823
Veremos si el año que viene lo consiguen, pero me da la sensación de que Sony carga a Qualcomm, generación tras generación, con el peso de crear chips más eficientes en este sentido cuando, realmente, es la combinación entre el SoC y la disipación que aplique cada fabricante.
Batería de 5.000 mAh que aguanta un día completo de fotografía Hablar de la batería siempre es complicado porque los patrones de uso de cada usuario son totalmente diferentes y, además, en generaciones posteriores nos hemos encontrado modelos muy discretos en este apartado.
En el caso del Xperia 1 V, encontramos 5.000 mAh, igualando la cifra del año pasado, que con mi uso me ha permitido llegar a una media de un día y 14 horas de batería con una media de cinco horas 38 minutos de pantalla. No es el más generoso, pero teniendo en cuenta la cantidad de fotos realizadas y que he pasado mucho tiempo en exterior, considero que cumple perfectamente.
He tenido días de casi seis horas y uno que no llegó a las cinco horas de pantalla, pero realmente no me he tenido que preocupar en el día a día por este asunto. Y sobre la carga, vemos la misma potencia del año pasado: 30 W por cable que nos permite cargar el 100% en 96 minutos, pero con un 50% en 32 minutos.
Esto es debido a que la curva de carga se va haciendo más plana cuando pasa del 75%, sobre todo del 90% al 100%. También contamos con carga inalámbrica y, con un cargador de 30 W, tarda casi tres horas en llegar al 100%.
Carga con cable Cargador de 125 W PD Carca inalámbrica Cargador de 30 W 15% 9 minutos 20 minutos 30% 19 minutos 44 minutos 50% 32 minutos 75 minutos 75% 55 minutos 120 minutos 100% 96 minutos 163 minutos
Si te preocupa la vida útil de la batería, hay varios modos de cuidado de la misma que podemos desactivar, activar para que actúe automáticamente y que vienen activadas por defecto. Me gusta que este tipo de opciones, como otras tantas en el apartado de configuración, se explican a la perfección para que sepamos en qué afecta cada parámetro que ajustemos.
Y sí, para realizar las mediciones de carga, desactivamos estas opciones porque, precisamente, una de ellas permite una carga rápida hasta el 50% y luego va cargando poco a poco hasta el 90% o 100%, dependiendo de lo que elijamos.
El software respeta a Google sin modificar drásticamente Android 13
En lo relacionado con el software, Sony apuesta por una ROM Xperia que no quiere sustituir lo que Google ofrece de forma nativa con Android. Llega actualizado a Android 13 y reconozco que me gusta el tratamiento de Sony.
Es una capa muy limpia, con un rediseño en algunos apartados, pero que se mueve de forma muy fluida, tiene una estética elegante y un apartado de configuración de algunos elementos en los que te recomiendo pasar un buen rato si decides comprar el teléfono. De esta forma, puedes dejarlo a tu gusto en lo que a funciones se refiere, pero no esperes las incontables opciones de personalización visual de las capas de fabricantes chinos.
Tenemos una barra lateral para gestionar la pantalla partida y acceder rápidamente a ciertas apps.
Todas las opciones de personalización están bien explicadas y tenemos Material You con los iconos o colores dinámicos en función del fondo que echamos de menos el año pasado, pero que sí se han implementado en esta generación.
Lo que seguimos sin tener es un desbloqueo facial. Una generación más, Sony sigue sin ofrecer esta opción y el único modo de desbloqueo biométrico es mediante el sensor de huellas en el lateral. La superficie es reducida y me suele pillar bien el dedo, pero es un desbloqueo lento. No debes mantener el dedo sobre el sensor, pero la animación de desbloqueo hace que tardes un segundo más de la cuenta en acceder al teléfono.
Dos apps de vídeo más Photo Pro, que también sirve para grabar vídeo.
Y sobre el bloatware, Sony no carga demasiado el teléfono y, excepto algunas apps que se están sí o sí, nos permite decidir qué queremos instalar en la configuración inicial. Tenemos Facebook LinkedIn y Tidal -esta última con tres meses de prueba- y algunas apps de Sony como la de Monitor Externo -para usar el móvil como monitor de una cámara Sony-, Creators App -la antigua Imaging Edge Mobile Plus- o Bravia Core.
Esta es curiosa porque no te deja acceder, al menos en mi unidad. Me dice que hay un error de Widevine y que mi teléfono no es compatible. Es curioso cuando realmente no hay problemas de Widevine y es una app de Sony, pero en las dos semanas que llevo usando este móvil, no se ha actualizado.
Y, claro, no pueden faltar las apps creativas como Music Pro, Cinema Pro, Video Pro y Photo Pro. Sí, vuelven las tres aplicaciones de cámara que podrían ser, como mucho, dos.
Sony sigue a lo suyo con el sistema de cámaras y su experiencia
Voy a empezar hablando de la app de cámara y, aunque se llame Photo Pro, realmente es la aplicación que podemos esperar para hacer fotos tanto en modo automático como en modo manual.
En la interfaz, tenemos dos modos. Basic es el automático, con ciertos ajustes que podemos realizar como los estilos creativos, el flash o el formato de la foto, pero tiene el objetivo de que no nos comamos mucho la cabeza. Encontramos los iconos para saltar entre objetivos, con un 2x digital bastante digno que se activa pulsando una vez sobre el de 1x y un renovado icono de bokeh.
Volvemos a no tener un modo retrato como tal, uno accesible directamente. en un carrusel de opciones y modos, y tiene su miga activar el desenfoque. Primero debemos pulsar en el icono correspondiente, ajustar el nivel de desenfoque y, aunque ahí ya cabría esperar que estás disparando en modo retrato, hay que volver a pulsar donde pone Bokeh. Es poco intuitivo y es algo que ya comentamos en generaciones previas.
Apare del modo Basic, y si pulsamos sobre él, tenemos los modos manuales. Hay uno automático que nos permite disparar en RAW, pero lo ideal es que nos manejemos con los modos manuales. Aquí es como las cámaras, con un modo totalmente manual, pero también uno con preferencia de apertura y otro con preferencia de velocidad.
Visto el software, vamos con el hardware. El Xperia 1 V estrena sensor principal, un Exmor de 1/1,35 pulgadas f/1.9 con un tamaño de sensor enorme, de 2,24 micras. Es un flamante sensor de 52 megapíxeles y representa un salto enorme frente a los 12 megapíxeles de la generación anterior, pero Sony ha dado una vuelta de tuerca que detallan en la hoja técnica del móvil.
El sensor principal es nuevo, con 52 megapíxeles, pero son 48 efectivos y las fotos resultantes serán siempre a 12 megapíxeles
Para empezar, el sensor sí tiene 52 Mpx, pero los efectivos son 48 megapíxeles. Ahora bien, no vamos a poder hacer fotografías en 48 megapíxeles, ya que para lograr ese enorme tamaño de píxel realizan un agrupamiento por pixel binning que, en la práctica, nos da un resultado de 12 megapíxeles.
Aquí puede ir en gustos, pero si bien me habría gustado ver fotografías RAW a 48 megapíxeles, los fotodiodos digitales más grandes permiten capturar más luz y rango dinámico y no me parece para nada mal que un fabricante apueste por esta personalización. ¿Cómo son los resultados? La respuesta es que… depende.
En situaciones de interior y primeros planos como fotos de comida o a flores, tengo que decir que me ha encantado. Es una cámara principal que cumple a la perfección y que no añade oversharpening, por lo que las fotos son muy naturales. Además, el procesado es suave y los rojos, amarillos, azules y verdes se mantienen controlados.
Esto para exteriores es genial y, además, me gusta mucho el desenfoque que se genera de forma orgánica gracias al tamaño del sensor y al buen enfoque cercano (sin tener un modo macro). Eso sí, también hay elementos extraños en la foto que no deberían estar ahí.
En la foto de esta plaza, vemos que el trato es bastante bueno. No hay aberración cromática, el HDR funciona correctamente y me habría gustado algo más de contraste, pero realmente es algo más personal. Es una fotografía muy correcta que subes a redes sociales, ves desde la pantalla del móvil y piensas "muy bien".
Sin embargo, si ampliamos (los dos recortes de la derecha), vemos una silueta muy extraña en el perro del lateral izquierdo, con unos artefactos que no deberían estar ahí y, en el derecho, notamos una falta de detalle. Y, realmente, el sensor capta el detalle, pero el procesado del JPG lo fulmina.
Casi me da la sensación de que Sony nos empuja a disparar en los modos manuales o en el automático -pero no en el automático Basic- para tener un archivo RAW. Un usuario convencional va a disparar en automático, pero te recomiendo que si compras el teléfono, tires en RAW + JPG, si quieres.
JPG a la izquierda, RAW a la derecha.
Con una edición muy básica, obtienes mayor detalle y puedes juguetear con parámetros como las sombras sin perder calidad general. Además, si te fijas en el gato superior, los bigotes del RAW son mucho más naturales que los del JPG.
Ahora bien, dos cosas a tener en cuenta: hay mucho ruido en el RAW (cosa que está bien, pero que puede que te interese quitar con algún programa de edición) y para procesar este RAW en el móvil necesitarás una app como Snapseed o Lightroom. La edición y procesado del RAW en Google Fotos es bastante limitada.
Izquierda, RAW. Centro, JPG simultáneo al RAW. Derecha, JPG en modo auto.
Vas a poder disparar en RAW con todas las cámaras, y te recomiendo que lo hagas si haces foto con el zoom porque vas a poder ganar esa nitidez extra que no le viene nada mal. El sensor es un 12 megapíxeles con un píxel de 1 μm y un tamaño que no llama la atención, contando con una superficie de 1/3,5 pulgadas.
Y ojo, aquí sí podemos hablar de un objetivo "zoom" porque el telefoto no es una lente fija, sino una que va de los 85 milímetros o 3,5x hasta los 125 mm o 5,2x. Tenemos ese rango y pasamos de una apertura f/2.3 a una f/2.8 a medida que subimos.
Izquierda, 5,2x. Centro, 3,5x. Derecha, recorte al 100%.
Es una idea muy interesante, pero la sensación es la misma que tenemos cuando se dice que los objetivos zoom son menos nítidos que los ‘prime’ o fijos. Como pasa con el principal, con la foto completa en la pantalla del móvil se ve genial, pero cuando damos un doble toque para acercarnos, notamos una falta de detalle.
En ningún momento es algo dramático, aunque hay que ser exigentes con móviles de 1.399 euros, pero es algo que ya sigo que se solventa disparando en RAW y considero que el procesado del JPG, en este sentido, debería mejorar.
Fotos y recorte del 3,5x.
Además, el 3,5x me parece algo más rico en detalle que el 5,2x, y esto era algo que, de nuevo, ocurría el año pasado. Lo que sí ha mejorado es el modo retrato, siendo el desenfoque de fondo algo más progresivo (aunque tampoco una barbaridad, la verdad) y obteniendo un buen recorte aunque, de nuevo, si nos acercamos vemos esa falta de nitidez y aquí sí o sí la foto es JPG.
Retrato con el 3,5x a la izquierda. Centro y derecha recortes de la imagen.
Pero bueno, pasemos al gran angular. Es un 12 megapíxeles con una superficie de 1/2,5 pulgadas, un píxel de 1,4 micras y apertura f/2.2. Considero que cuenta con una buena nitidez central, aunque en las. esquinas podemos encontrar fácilmente las cosquillas, y no deforma las líneas en exceso.
El procesado es muy natural, como el del sensor principal, y de noche se mantiene, aunque ahí sí vemos algunas diferencias. Por ejemplo, el detalle de la farola es inferior en el gran angular, así como los destellos y falta de detalle en los laterales.
En el frontal contamos con otro sensor de 12 megapíxeles que hace un buen trabajo con el detalle, con el tono de piel y con el HDR incluso en situaciones complicadas. En la tercera foto realmente el cielo estaba blanco, pero el retrato, considero que es exagerado. Casi parece que estoy pegado sobre un fondo difuminado.
En general, creo que es un buen apartado fotográfico, pero el procesado no está a la altura de un móvil de este precio. Da la sensación de que Sony nos empuja a los brazos del RAW, pero esto limita mucho a un usuario que, simplemente, quiera sacar el móvil del bolsillo, hacer una foto rápida y que sea perfecta sin necesidad de una edición posterior.
Vídeo
Pasando al vídeo, tenemos tres aplicaciones para grabar. Aquí es exactamente igual que el año pasado y, aunque podemos grabar desde Photo Pro, está limitado a 4K30. Con todas las cámaras, incluso con la frontal. Puedes grabar en Cinetone, pero no puedes cambiar los fps de la captura.
¿Quieres 4K60 o, incluso, 120? Pues debes usar Video Pro o Cinema Pro, dos apps con interfaces más profesionales (siendo Cinema Pro bastante compleja para un usuario medio) que permiten grabar con automatismos, pero también con controles totalmente manuales y. hasta desactivar la estabilización óptica.
Tengo que decir que el apartado de vídeo me ha gustado mucho gracias a la nitidez como al modo de seguimiento de enfoque. La estabilización también hace un buen trabajo y el cálculo de color es acertado y atractivo, aunque también tengo que decir que grabando en exteriores, cuando ya había grabado algún clip y el teléfono estaba calentito, he tenido cortes en. la captura.
No me ha saltado ninguna alerta por temperatura en la cámara o la captura, algo que sí me ocurrió con la generación anterior, pero los cortes están ahí. Y tenemos retrato para el vídeo, aunque limitado a 1.080p. Con este procesador y sensor principal, podríamos grabar sin problema con el bokeh simulado a 4K.
Sony Xperia 1 V, la opinión de Xataka
Y llegamos al final del análisis del Xperia 1 V y la sensación general es muy positiva por lo especial que es este terminal, pero debemos exigir ciertas cotas de calidad a un móvil de 1.399 euros. Debe aspirar a ser el mejor del mercado o, al menos, no tener flaquezas importantes, y aquí vemos que se repiten errores de generaciones pasadas como la lentitud del sensor de huellas, el sobrecalentamiento o la falta de detalle en las fotos JPG.
Ahora bien, también tenemos la más completa -y compleja- app de cámara, un RAW muy interesante, un diseño diferente y muy, muy premium y, sobre todo, un panel impresionante. El sonido me gusta, el brillo es perfecto y la reproducción de color es asombrosa. Ver contenidos que aprovechan esta pantalla es una tremenda gozada.
Y, al final, aunque odio esta frase, el Xperia 1 V no es para todos. Debes tener claro que vas a aprovechar los modos manuales tanto de foto como de vídeo, que te gusta la relación de aspecto y que vas a utilizar el dispositivo como una herramienta más en tu flujo de trabajo con cámaras de Sony.
Si eres de los más caros, debes aspirar a ser el mejor, y realmente solo falta engrasar algunas piezas de la maquinaria para lograrlo
Puliendo el procesado de los JPG y, sobre todo, la disipación de calor, Sony tiene todo a su favor para contar con un gama premium capaz de mirar de tú a tú a cualquier otro. Veremos si en la próxima generación vemos pasito más que necesita, pero en este Xperia 1 V han sido demasiado conservadores.
8,7 Diseño 8,75 Pantalla 9,25 Rendimiento 8,5 Cámara 8,5 Software 8,75 Autonomía 8,5 A favor La pantalla es una delicia, de las mejores del mercado. La app de cámara es una gozada cuando logras controlarla. Diseño extremadamente premium y diferente. En contra El procesado de las fotografías no está al nivel de los mejores. Se calienta menos que el año pasado, pero sigue siendo un problema. Buena capacidad de batería, pero pocas horas de pantalla.
Sony Xperia 1 V Smartphone Android 13 Libre con 6.5'' 4K HDR, OLED, 120Hz, Cámara con Triple Objetivo (con Next Gen Sensor & ZEISS), 12GB RAM, 256GB Almacenamiento, IP65/68, Dual SIM híbrida Hoy en Amazon por 1.286,16€
Hoy en Ebay por 1.519,15€
El dispositivo ha sido cedido para la prueba por parte de Sony. Puedes consultar nuestra política de relaciones con empresas.
En Xataka | Los móviles con mejor cámara de 2023: cuál comprar y modelos recomendados
- La noticia Sony Xperia 1 V, análisis: filosofía japonesa, para lo bueno y lo malo fue publicada originalmente en Xataka por Alejandro Alcolea .
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