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Parecen cuatro piedras mal puestas, pero les debemos la prosperidad moderna: cómo las calzadas romas cambiaron el mundo

Parecen cuatro piedras mal puestas, pero les debemos la prosperidad moderna: cómo las calzadas romas cambiaron el mundo

“Bueno, pero aparte del alcantarillado, la sanidad, la enseñanza, el vino, el orden público, la irrigación, las carreteras y los baños públicos, ¿qué han hecho los romanos por nosotros?”. En esta escena mítica de ‘La vida de Brian‘, los Monty Pythons se las apañaron para resumir en escasos 90 segundos el peso del Imperio Romano en conformar el mundo que conocemos. Lo que han descubierto unos investigadores de la Universidad de Gotemburgo es que, muy posiblemente, se quedaron cortos.


2.000 años no son nada. Esa es la principal conclusión de este equipo de investigadores suecos es que, aunque como es evidente, el Imperio Romano hace mucho que pasó a la historia, sí; pero las decisiones que tomaron en su momento los ingenieros, generales y burócratas romanos han conformado la estructura demográfica y económica de buena parte del mundo contemporáneo (en algunos casos, muy lejos de sus fronteras originales).

La idea que he resumido en el párrafo anterior no es nueva. Se trataba de una intuición compartida por muchos expertos. El problema que se encontraron en Gottemburgo fue como comprobarla. Ni que decir tiene que, a nivel estrictamente científico, calcular el impacto sobre organizaciones sociales complejas de algo que ocurrió hace dos milenios es bastante complicado. Hasta que tuvieron una idea.

Roman Empire 125 General Map Red Roads 1

DS28

Los cimientos del imperio. En su máximo apogeo, el Imperio Romano tenía 80.000 kilómetros de calzadas en uso. Se trata de uno de los esfuerzos sostenidos de construcción de infraestructuras más sorprendentes del mundo. No fue, por supuesto, algo gratuito, ni humanitario. Las calzadas no se construyeron por razones económicas. O no, principalmente. La función principal de las carreteras romanas era mover tropas; asegurar que la enorme máquina de guerra que controlaba todas las tierras bañadas por el Mediterráneo seguía funcionando.

Es absurdo negar que tras esas necesidades militares no había también lógicas económicas. Sin embargo, esa primacía logística fue fundamental porque hizo que los ingenieros latinos hicieran poco caso a los caminos y veredas tradicionales a la hora de dibujar el mapa de las calzadas. En cierta forma, con estas infraestructuras ocurrió algo similar a lo que ha pasado en España con las líneas de tren de alta velocidad: se optó por olvidar las líneas tradicionales y construirlas de cero porque las exigencias técnicas eran radicalmente distintas.

Las arterias del mundo antiguo. Lo maravilloso del asunto, como se dieron cuenta los investigadores, es que una vez construidas se convirtieron en estructuras poderosísimas para el comercio y el transporte. Es decir: era la medida perfecta para evaluar el impacto de las decisiones (en este caso, militares) del Imperio.

Roman Roads 2b

¿Cómo lo ha hecho? De una forma tremendamente sencilla: los investigadores han superpuesto un mapa de las calzadas romanas sobre una serie de imágenes vía satélite que recogen la intensidad de la luz nocturna. La relación entre esa luz, la demografía y la economía está bien establecida desde hace décadas. La tesis era también sencilla. “Dado que mucho ha sucedido desde entonces, mucho debería haberse adaptado a las circunstancias modernas”, explicaba Ola Olsson, una de las autoras del estudio.

El desarrollo posterior, habría hecho obsoletas las calzadas y el mapa de las ciudades, la actividad económica y las comunicaciones no se superpondría con ellas: las sociedades postimperiales podrían haber recuperado los caminos originales ahora que el efecto “atractor” de Roma había caído. Sobre todo en Europa occidental, donde el caos y la fragmentación daba la oportunidad a los distintos países a “reorientar las estructuras económicas”.

Pero nada de eso. “Llama la atención — continúa Olsson — que nuestro principal resultado es que las calzadas romanas han contribuido a la concentración de las ciudades y de la actividad económica a lo largo de ellas”. Esto es cierto cuando las calzadas han ido sustituyéndose por otras vías modernas o incluso cuando las calzadas ya no existen en absoluto.

En el fondo, es algo similar a cómo crecieron las ciudades del interior de Estados Unidos y cómo las decisiones que tomaron los constructores de las líneas de ferrocarril conformaron el país. Algo similar, pero 1850 años más atrás en el tiempo. Con el paso del tiempo, algunas vías quedaron fuera de juego por el desarrollo tecnológico (también ha pasado en ciudades como Buffalo, en el caso americano), pero el peso demográfico (y las inercias económicas e industriales) que permitieron articular las calzadas hicieron que ya nada volviera a ser como antes.

La gran excepción. El único lugar del Imperio donde esto no se da es en África y Medio Oriente. Allí, toda vez que se quedaron desconectados del comercio mediterráneo: “el transporte sobre ruedas se abandonó en los siglos IV-VI para ser reemplazado por caravanas de camellos”, Una tecnología que permitía conectar los mercados fácilmente con Arabia y el África subsahariana. Según los autores, esto no fue gratis: el hecho de que la concentración de ciudades no se favoreciera acabó minando las bases del desarrollo moderno. Y las consecuencias las vemos aún hoy.

¿Para qué sirve esto? Porque, como os habréis imaginado, esto se trata de una reflexión de fondo sobre el impacto a largo plazo de las infraestructuras. Un recordatorio de que las decisiones que tomamos, aunque atiendan a una determinada configuración electoral, acaba sentando las bases que nos permiten (o no) dar el siguiente paso. Es decir: que no hay mejor forma de construir el futuro, que pensar en las cosas que estamos construyendo en el presente.

Imagen | Erik Törner


La noticia Parecen cuatro piedras mal puestas, pero les debemos la prosperidad moderna: cómo las calzadas romas cambiaron el mundo fue publicada originalmente en Xataka por Javier Jiménez .

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El precio de las tarjetas gráficas está disparado. Y aun así NVIDIA vende todas las GeForce RTX 40 que fabrica

El precio de las tarjetas gráficas está disparado. Y aun así NVIDIA vende todas las GeForce RTX 40 que fabrica

Durante los últimos tres años los jugadores hemos sido las víctimas de la especulación que ha arrasado el mercado del hardware gráfico. Con la minería de criptomonedas fuera de combate podríamos prever que los precios caerían y todo volvería a la normalidad. Y no ha sido así. Al menos, no del todo.

La recesión económica, la inflación y el encarecimiento de la energía, los productos químicos y los equipos involucrados en la producción de semiconductores están tensionando el mercado al unísono y contribuyendo a incrementar el precio de los dispositivos que incorporan chips de alta integración.

Las tarjetas gráficas no han esquivado esta coyuntura. Durante las últimas semanas NVIDIA y AMD han presentado sus nuevas propuestas, y sus precios las colocan fuera del alcance de la mayor parte de los usuarios. No podemos pasar por alto que todas ellas son soluciones de gama alta, pero, aun así, aunque contemplemos la inflación una de estas tarjetas cuesta en 2022 más que una solución equiparable hace cuatro o cinco años.

Muchos entusiastas están dispuestos a pagar los precios que nos piden las marcas

Los usuarios tenemos derecho a manifestar nuestra disconformidad con el precio que tienen los productos en los que estamos interesados, sobre todo cuando hemos presenciado que se ha incrementado perceptiblemente en un plazo de tiempo relativamente breve. Aun así, el comportamiento del mercado de las tarjetas gráficas no está alineado actualmente con la incomodidad que expresan muchos jugadores.

Estas declaraciones de Colette Kress, la directora financiera de NVIDIA, ilustran qué tenemos entre manos:

Nuestra nueva arquitectura de GPU Ada Lovelace ha tenido un lanzamiento excepcional. La primera tarjeta gráfica que hemos lanzado con esta microarquitectura, la GeForce RTX 4090, llegó a las tiendas a mediados de octubre, y la demanda ha sido tremenda. Además, la opinión de la comunidad de jugadores ha sido positiva. Lo hemos vendido todo con mucha rapidez en muchas ubicaciones y estamos trabajando duro para dar una respuesta a esta demanda.

No sabemos exactamente cuántas GeForce RTX 4090 y 4080 han colocado en las tiendas NVIDIA y los integradores como ASUS o Gigabyte, entre otros, pero podemos estar seguros de que no han sido pocas. TSMC no asigna uno de sus nodos litográficos más avanzados a un cliente si previamente no existe el compromiso de producir una cantidad mínima de chips de alta integración. No obstante, tenemos un dato muy revelador: NVIDIA hasta ahora ha vendido más de 100.000 GeForce RTX 4090.

Una conclusión razonable a la que podemos llegar es que hay muchos entusiastas de los juegos dispuestos a pagar los precios que nos piden los fabricantes. De lo contrario no existiría este apetito por hacerse con las nuevas, ambiciosas y poco asequibles GeForce RTX 40 que ya están en las tiendas.

Crucemos los dedos para que las propuestas de gama media tengan unos precios mucho más comedidos

No tenemos una bola de cristal que nos permita anticipar cuánto nos costarán las próximas generaciones de tarjetas gráficas de gama alta, pero parece poco probable que la tendencia actual se vaya a revertir. Posiblemente los precios de lanzamiento no bajarán, pero aún hay esperanza.

Crucemos los dedos para que las propuestas de gama media tanto de NVIDIA como de AMD que llegarán durante los próximos meses tengan unos precios mucho más comedidos y su rendimiento esté a la altura. De hecho, debería estarlo. Las microarquitecturas Ada Lovelace y RDNA 3 incorporan innovaciones muy interesantes, y quizá estas tarjetas sí estén al alcance de muchos más entusiastas de los juegos.


La noticia El precio de las tarjetas gráficas está disparado. Y aun así NVIDIA vende todas las GeForce RTX 40 que fabrica fue publicada originalmente en Xataka por Juan Carlos López .

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Los secretos de la sonda solar Parker, el prodigio de la ingeniería que “tocó” el Sol sin derretirse

Los secretos de la sonda solar Parker, el prodigio de la ingeniería que “tocó” el Sol sin derretirse

Cuando se trata de resolver los misterios del universo, los seres humanos tenemos una impresionante capacidad para intentar conseguirlo. Los orígenes de la astronomía son casi tan antiguos como nuestra historia. Y, cuando ya no nos bastaba con mirar hacia arriba, decidimos acercarnos a las estrellas. ‘Ad astra per aspera’ dice una placa ubicada en el Complejo de Lanzamiento 34 de la NASA que rinde tributo a los astronautas del Apolo 1 y nos recuerda nuestra insaciable sed de perseguir lo desconocido.

Desde los inicios de la exploración espacial lanzamos satélites, construimos estaciones espaciales, caminamos por la Luna y hasta enviamos sondas a lo más profundo de nuestro sistema solar. En 1957, el Grupo de Campos y Partículas de la Academia Nacional de Ciencias propuso una misión con una sonda solar “para estudiar las partículas y campos en la vecindad del Sol”. Sin embargo, no fue hasta 2018 que esta idea finalmente se materializó con el lanzamiento de la ambiciosa sonda solar Parker.

La sonda de “solo” 1.500 millones de dólares

El presupuesto de la NASA para explorar el Sol no ha sido tan abultado como los 10.000 millones de dólares destinados al James Webb o los 35.000 millones de dólares del Programa Artemis. La sonda solar Parker ha conseguido “tocar” el astro rey con la módica cantidad de 1.500 millones de dólares. Esta abismal diferencia en el presupuesto no quiere decir que la misión haya sido fácil. Al contrario, se han tenido que superar obstáculos que, hasta hace poco, parecían imposibles.

Uno de los desafíos que estaba sobre la mesa era hacer que la sonda alcanzara el Sol. Decirlo puede parecer fácil, pero hacerlo es demasiado complejo. Después de mucho tiempo de investigación, los ingenieros trazaron un plan que funcionó a la perfección. El 12 de agosto 2018 lanzaron la sonda a bordo de un cohete Delta IV Heavy de United Launch Alliance y utilizaron la asistencia planetaria de la gravedad de Venus para hacer que esta complete varias pasadas sobre nuestra estrella.

Ahora bien, no tenía sentido mandar una sonda al Sol sin tener en cuenta sus extremas temperaturas. Ciertamente, los equipos responsables de la sonda solar Parker también pensaron en esto así que desarrollaron un escudo térmico capaz de reflejar el calor en la parte frontal de la nave y mantener los equipos a temperaturas razonables en la parte posterior. El escudo y cómo interactúa con el ambiente es una de las cosas más sorprendentes de este proyecto. Veamos.

Sonda Parker Nasa Sol Escudo Termico 1

El escudo térmico de la sonda está compuesto por capas de diferentes materiales. El corazón de esta pieza es de espuma de carbono con un 97% de aire, muy similar a la utilizada en el ámbito médico para el reemplazo óseo. La espuma, como si se tratara de un sandwich, está rodeada de láminas de carbono compuesto con propiedades aislantes. Por último, se aplicó una capa de pintura cerámica en la parte del escudo que apunta hacia el Sol para reflejar la mayor cantidad de calor posible.

Sonda Parker 12

Como hemos dicho, esta nave espacial ha sido diseñada para “tocar” el Sol, lo que equivale a adentrarse en su atmósfera exterior, también conocida como corona, que se encuentra a más de un millón de grados Celsius. Sí, has leído bien, se encuentra a una temperatura increíblemente elevada. Puede que te preguntes, entonces, cómo un dispositivo fabricado en la Tierra es capaz de funcionar en una atmósfera con un millón de grados Celsius. La respuesta está en la termodinámica.

Repasemos algunos conceptos. El segundo principio de la termodinámica, a grandes rasgos, nos dice que el calor siempre fluye de los cuerpos más calientes a los más fríos. Teniendo en cuenta esto, entendemos al calor como la transferencia de energía térmica entre las moléculas de un sistema y a la temperatura como una propiedad física medible en Celsius, Kelvin, Fahrenheit o Rankine. Es decir, calor no es lo mismo calor que temperatura, y aquí veremos por qué esto es importante.

Calor no es lo mismo calor que temperatura.

Si bien la corona del Sol tiene una temperatura muy alta (más de un millón de grados Celsius), las partículas del plasma que la conforman están bastante dispersas, por lo que la transferencia de calor (energía térmica) es baja. Esto quiere decir que la baja densidad de la atmósfera exterior de nuestra estrella hace que la sonda Parker solo deba soportar unos 1.377 grados Celsius y que el hardware que se encuentra dentro de la nave pueda funcionar a unos 28 grados Celsius.

Como podemos ver, solo una parte de la nave está protegida del Sol. En este sentido, la sonda solar Parker debe asegurarse de tener siempre la dirección correcta para evitar que el exceso de calor pueda dañar sus componentes. Para ello ha sido equipada con una serie de sensores que sobresalen del escudo de protección. Si estos se iluminan por la luz del Sol, la sonda corrige automáticamente su trayectoria para mantenerse a salvo.

Sonda Parker 14

Pero el sistema de protección no es todo en la sonda solar Parker. Los instrumentos que le acompañan nos están permitiendo comprender mejor el Sol. Los principales objetivos científicos de la misión son rastrear cómo la energía y el calor se mueven a través de la corona solar y explorar cuál es el origen de la aceleración del viento solar y las partículas energéticas solares.  Veamos cuáles son esos instrumentos.

La sonda solar Parker lleva cuatro conjuntos de instrumentos.

FIELDS. Un trío de magnetómetros se encarga de capturar la escala y la forma de los campos eléctricos y magnéticos de la atmósfera del Sol. Aquí nos encontramos en primer lugar con un magnetómetro de búsqueda de bobina que mide cómo cambia el campo magnético con el tiempo. Su funcionamiento es muy sencillo. Puesto que los campos magnéticos inducen un voltaje en la bobina, los científicos miden ese voltaje para obtener datos sobre las variaciones del campo magnético.

También tenemos dos magnetómetros de saturación (fluxgate), uno interno (MAGi) y otro externo (MAGo). Estos tienen la capacidad de medir el campo magnético más lejano del nuestra estrella, donde varía a un ritmo más lento. Para eliminar cualquier tipo de error en las mediciones, el equipo encargado de diseñar y construir este instrumento, el Laboratorio de Ciencias Espaciales de la Universidad de California, utilizó antenas para situar a los sensores a 190 y 272 cm de distancia de la sonda.

WISPR. Aunque la sonda tiene que soportar condiciones extremas al visitar la atmósfera del Sol, puede capturar imágenes gracias a un conjunto de instrumentos sofisticados que se esconden detrás del escudo térmico para bloquear la mayor parte de la luz del Sol. Se trata de dos cámaras con detectores CMOS Active Pixel Sensor reforzados para soportar la radiación. Las lentes están hechas de BK7, un vidrio óptico resistente a la radiación que también hemos visto en el Telescopio Espacial Hubble.

Sweap Suite Solar Probe 1

SWEAP. El objetivo de este conjunto de instrumentos es estudiar las partículas más abundantes en el viento solar (electrones, iones de helio y protones) y medir propiedades como la velocidad, la densidad y la temperatura. Para conseguirlo, los científicos recurrieron al Solar Probe Cup (SPC), un dispositivo metálico conocido como copa de Faraday que puede atrapar partículas cargadas en el vacío, y a los Solar Probe Analyzers (SPAN-Ai y SPAN-B) que utilizan placas curvas para medir la distribución de partículas.

ISʘIS. Este es uno de los conjuntos de instrumentos científicos más ambiciosos del programa. Su misión es medir electrones, iones y protones de la atmósfera del Sol y comprender una amplia gama de interrogantes detrás de estas partículas. Las preguntas que intentan responder los científicos son de dónde provienen, cómo se aceleran y de qué forma se alejan del sol hacia el espacio interplanetario. Para avanzar en esta investigación, hay instrumentos que son clave.

Estamos hablando de dos dispositivos que han sido diseñados y construidos por el Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins. Por un lado, tenemos EPI-Lo que mide los espectros de iones y electrones e identifica carbono, oxígeno, neón, magnesio, silicio, hierro y dos isótopos de helio, He-3 y He-4. Por otro lado, tenemos a EPI-Hi, que utiliza tres sensores de partículas compuestos por capas apiladas de detectores para medir partículas con energías superiores a las medidas por EPI-Lo.

Imágenes: Universidad Johns Hopkins | NASA | Universidad de Harvard

En Xataka: Artemis I ha despegado al fin: estos son los siguientes pasos de la misión a partir de ahora


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Si quieren triunfar, los paneles solares ya no sólo deben ser baratos. También deben ser bonitos

Si quieren triunfar, los paneles solares ya no sólo deben ser baratos. También deben ser bonitos

Hace no mucho EcoWatch realizó una encuesta en EEUU para poner el termómetro a la implantación de la energía fotovoltaica en el país y, sobre todo, conocer qué razones animaban o disuadían a sus hogares de instalar paneles. El balance es más o menos positivo, pero desliza un dato curioso.

Cuando se preguntó a los encuestado que ni tenían ni se planteaban dar el salto a las energías renovables qué les llevaba a rechazar las instalaciones solares se encontraron con tres razones principales. La primera es su coste y la tercera su mantenimiento. Entre ambas hay otra más llamativa: sencillamente, hay gente que rehúye los paneles porque los considera feos.

EcoWatch no es el primero que advierte de hasta qué punto puede influir la estética en la implantación de la energía solar. Hay quien lo señala incluso como un “factor clave”.

Industria e investigadores llevan bastante tiempo trabajando para perfeccionarlos a nivel técnico, probando nuevos materiales, reforzando su eficiencia en diferentes aspectos o prolongando su vida útil. El objetivo está muy claro: que cuando un empresario o el dueño de un bloque de apartamentos saque la calculadora para echar cuentas concluya que los paneles solares son una opción rentable. El problema es… ¿Y si todo ese esfuerzo se viese deslucido porque a la hora de la verdad a los clientes les parecen antiestéticos? ¿Qué pasa si el punto débil no es técnico, sino visual?

Bueno, barato… y bonito

El sector lo sabe y lleva tiempo trabajando en opciones que van más allá de los tradicionales paneles con células de silicio, rígidos, voluminosos y de colores oscuros. El reto ya no pasa solo por lograr una tecnología eficiente, asequible, escalable y duradera; para que triunfe debe ser “bonita”.

Una de las apuestas más evidentes para reducir el impacto de las placas son las tejas solares, placas que se integran en el tejado emulando a las piezas tradicionales. Uno de los ejemplos más recientes lo deja la empresa alemana PaXos, que ha unido fuerzas con la Universidad de Ciencias Aplicadas TH Köln, para desarrollar un prototipo de PVT, “tejas fotovoltaicas-térmicas”, dispositivos capaces de generar electricidad y calor y que apenas se distinguen de las tejas normales.

“Queremos crear una oferta para edificios catalogados y las personas que hasta ahora se han abstenido de la energía solar debido a su aspecto”, reconocía hace poco Julian Münzberg, directivo de PaXos. El foco lo centran tanto en quienes descartan los paneles por una cuestión estética como aquellos propietarios que no pueden adoptarlas por restricciones normativas. No son los únicos en trabajar en esa línea. Otras dos firmas, Autarq y la también alemana Creaton, presentaban también hace poco su propia solución de tejas solares: piezas lisas, planas, que sirven de soporte a elementos fotovoltaicos y un cristal de seguridad. El objetivo: que pasen inadvertidas.

Hay quien ha apostado por otra vía y se centra en las células solares casi invisibles, lo suficientemente transparentes como para que podamos plantearnos utilizarlas en ventanas. Esa ha sido recientemente la línea de trabajo de un equipo de la Universidad de Tohoku, en Japón, que en un artículo publicado en verano explica cómo ha fabricado una célula con un nivel de transparencia del 79%. De nuevo no son los únicos en apostar por las posibilidades del enfoque. En Reino Unido ya quieren aprovechar de hecho paneles semitransparentes para sus invernaderos.

Si hay un campo prometedor y en el que el sector ha trabajado con intensidad a lo largo de los últimos años es el de los paneles solares con perovskitas, una familia de materiales de estructura cristalina que pueden ayudarnos a convertir nuestras ventanas en paneles solares.

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Los avances en esa dirección son también muy recientes. Hace meses un grupo de investigadores australianos lograba fabricar prototipos de células solares semitransparentes esperanzador. Según sus cálculos, alcanzan una eficiencia de conversión del 15,5% con una transmisión visible promedio de más del 20%. En la práctica ambos porcentajes se traducen en que sus prototipos ofrecen una eficiencia energética más que respetable mientras dejan pasar la suficiente luz como para que el día de mañana podamos utilizarlas en las ventanas de nuestras casas.

“Supone un gran paso adelante hacia la realización de dispositivos de perovskita estables y de alta eficiencia que se puedan implementar como ventanas solares”, presumía el profesor Jacek Jasieniak, de la Universidad de Monash. Otra posibilidad a la que abren la puerta las perovskitas es la creación de películas especialmente delgadas, lo suficiente como para hacerlas flexibles o incluso —señala The Wall Street Journal— algún día podamos incluso rociarlas como si se tratara de pintura.

El abanico de posibilidades que se perfilan para el futuro es amplio: integrar las células solares en tragaluces, balcones, revestimientos… Hay quien hasta se ha replanteado el concepto tradicional de panel solar, como Pvilion, que se dedica a elaborar estructuras flexibles, integrándolas incluso en tejidos. En su web anuncia diferentes “velas solares” que actúan como pérgolas y toldos ligeros.

“Cualquier cosa que sea tela es una oportunidad para generar electricidad”, explica a TWSJ. Entre otras ventajas sus dispositivos pueden desplazarse en busca de los puntos más soleados.

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Otra línea de investigación se centra en los colores.

Quizás suene extraño, pero quizás pueda resultar clave entre aquellos propietarios a los que —advierte EcoWatch— les parecen feas las instalaciones convencionales. Los paneles azules y negros convencionales tal vez no sean muy atractivos, pero… ¿Y si pudiéramos alterar sus tonalidades para que encajen mejor en nuestra casa Un planteamiento similar se hicieron en su día en la Universidad Jia Tong, que ha rociado células solares con nanopartículas que les confieren coloraciones azuladas, verdes o moradas con una reducción de eficiencia de solo el 5%. En la Universidad de Nueva York o en la de Greenwich han experimentado vías también para explorar los paneles solares tintados.

Al fin y al cabo se trata de que las instalaciones no sean solo rentable, sino también agradables a la vista o al menos discretas. El esfuerzo puede ser clave para sacar provecho de la investigación y las políticas públicas que intentan mejorar la implantación de la energía solar.

Imágenes: Markus Winkler (Unsplash), Technology Arts Sciences TH Köln y Tohoku University, Scientific Reports


La noticia Si quieren triunfar, los paneles solares ya no sólo deben ser baratos. También deben ser bonitos fue publicada originalmente en Xataka por Carlos Prego .

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Xiaomi Smart Band 7 Pro, análisis: ser más grande es bueno, pero no necesariamente mejor

Xiaomi Smart Band 7 Pro, análisis: ser más grande es bueno, pero no necesariamente mejor

Si hay una pulsera conocida sobre la faz de La Tierra, esa es la Xiaomi Smart Band, anteriormente conocida como Mi Band (aunque lo del apellido Mi ya es historia). Tal y como sucedió el año pasado, este año tenemos dos modelos: la Smart Band 7 y la Smart Band 7 Pro, siendo la segunda una pulsera cuantificadora más grande, más completa y sensiblemente más cara. También es la protagonista de este, su análisis.

Y es que en Xataka llevamos ya un buen tiempo usando la nueva pulsera de Xiaomi. La hemos llevado durante el día, durante la noche y durante nuestras sesiones de deporte para ver qué tal se comporta y qué ofrece. Así que, sin más dilación, vamos con el análisis de la Xiaomi Smart Band 7 Pro.

Ficha técnica de la Xiaomi Smart Band 7 Pro

Xiaomi Smart Band 7 Pro

DIMENSIONES

44,7 × 28,8 × 11 mm.

20,5 g

Pantalla

AMOLED de 1,64 pulgadas
Resolución 280 x 456 píxeles

326 ppp

Hasta 500 nits

correa

TPU de 130-205 mm

Sensores

Frecuencia cardíaca
Saturación de oxígeno en sangre (SpO2)
Registro de la respiración durante el sueño
Acelerómetro de 3 ejes
Giroscopio de 3 ejes

GEOPosicionamiento

Chip GPS integrado

BeiDou, GPS, GLONASS, Galileo, QZSS

Resistencia al agua

5 ATM

BATERÍA

235 mAh

Carga magnética

Conectividad

Bluetooth 5.2

Compatibilidad

iOS 10+

Android 6+

Otros

110 deportes

Modo de salud femenina

Control remoto para hacer fotos

Control de música

Alexa

Dimensiones

44,7 × 28,8 × 11 mm.

20,5 g

Precio

99,99 euros

Xiaomi Smart Band 7 Pro – Smartwatch con pantalla AMOLED de 1.64", GPS, 110 modos deportivos, frecuencia cardíaca, sueño, SpO2, 5ATM, hasta 12 días de batería, blanco (Versión ES + 3 años de garantía)

Diseño: a caballo entre pulsera y reloj

Xiaomi Smart Band 7 Pro 16

Como siempre, empezamos por el apartado estético. Lo primero que llama la atención es que la Xiaomi Smart Band 7 Pro está a caballo entre una pulsera y un reloj. No es tan pequeña como una Mi Smart Band a secas, pero tampoco tan grande como un Huawei Watch Fit. Está entre medias y es un tamaño bastante correcto, sobre todo si buscamos una pantalla grandecita pero tampoco demasiado.

Lo cierto es que, a nivel de diseño, no hay nada particularmente llamativo. Lo más interesante es que, a pesar de su aparente tamaño, no es excesivamente gruesa (11 milímetros) y que, además, es sorprendentemente ligera. Es un dispositivo grandote a simple vista, pero pesa poco más de 20 gramos. En muñeca se siente sorprendentemente bien.

Xiaomi Smart Band 7 Pro 17

El wearable está dividido en dos partes. En la superior tenemos un marco de apariencia metálica y la pantalla, mientras que en la parte inferior tenemos todo el espacio que guarda los sensores y componentes, hecho de plástico. En el canto derecho hay un micrófono (para interactuar con Alexa por voz), mientras que el izquierdo queda completamente plano. Curiosamente, no hay ni un solo botón en todo el chasis, algo que, francamente, nos extraña.

En la parte inferior encontramos los sensores de frecuencia cardíaca y el pulsioxímetro, que usaremos para medir nuestras pulsaciones y nivel de oxígeno en sangre. Asimismo, tenemos los pines pogo que usaremos para recargar la batería, algo que haremos con poca frecuencia, tal y como veremos más adelante.

Xiaomi Smart Band 7 Pro 3

En lo que concierne a la correa, la Smart Band 7 Pro de Xiaomi usa correas propietarias. ¿Eso qué quiere decir? Que nada de usar correas estándar de ningún tipo. Si queremos cambiar la correa, habrá que comprar una correa diseñada para esta pulsera. La correa incluida en la caja es de TPU y está bastante bien.

No es la más premium que hemos probado, pero es suave al tacto. Es apta para muñecas de entre 130 y 205 milímetros, por lo que, en principio, no debería haber problema. A diferencia de la Smart Band 7 original, la correa de este modelo usa una hebilla convencional que, desde mi punto de vista, da más seguridad a la hora de hacer movimientos bruscos con ella.

Xiaomi Smart Band 7 Pro 19

En resumidas cuentas, tenemos un dispositivo más grande que la Smart Band 7, pero igualmente cómodo. Nosotros hemos llevado ¿la pulsera ¿el reloj? durante todo el día, incluso haciendo deporte o durmiendo, y no hemos tenido problemas de ergonomía de ningún tipo. Es, simplemente, una Smart Band más grande.

Pantalla: una diferencia que se agradece

Xiaomi Smart Band 7 Pro 5

Una de las bondades que tiene tener un wearable más grande es, sorpresa, poder montar una pantalla de mayor diagonal. Es lo que pasa con la Smart Band 7 Pro, que tiene un panel algo más grande que su hermana pequeña. Es cierto que las pulseras de Xiaomi han ido creciendo de tamaño con el paso de los años, pero este nuevo modelo se lleva la palma, aunque no lo parezca.

¿Por qué? Porque la Smart Band 7 tiene una pantalla de 1,62 pulgadas, mientras que la Smart Band 7 Pro tiene una pantalla de 1,64 pulgadas. Sobre el papel, la diferencia es mínima. ¿Entonces? La clave está en la relación de aspecto. Mientras que la Smart Band 7 tiene un formato 2,55:1, la Smart Band 7 Pro tiene una relación de aspecto 1,63:1, es decir, es más rectangular, lo que permite ver más información y hacerlo mejor.

Xiaomi Smart Band 7 Pro 4

Este es un cambio que se agradece. Es más cómodo leer las notificaciones o navegar por los ajustes en una pantalla de este tamaño. La Smart Band 7 sigue pecando en este aspecto y es algo que se corrige en este modelo.

El dispositivo incorpora un panel AMOLED bajo un cristal curvado 2,5D que, en la práctica, no vamos a notar. Su resolución es de 280 x 456 píxeles, lo que se traduce en 326 píxeles por pulgada que, si os resulta familiar, es normal, puesto que es la misma densidad de píxeles que la Smart Band 7. Eso es una buena noticia, ya que a una distancia prudencial no notaremos los píxeles.

Xiaomi Smart Band 7 Pro 15

La pantalla se ve estupendamente, en pocas palabras. El nivel de brillo máximo es lo suficientemente alto para ver bien la información a plena luz del día (aunque ahora en invierno poca “plena luz del día” hay) y lo suficientemente bajo para que no moleste de noche. El wearable tiene, además, brillo automático (gracias) y, afortunadamente, funciona bien. No obstante, también podemos elegir el brillo manual si así lo deseamos.

Gracias, Xiaomi, por implementar el brillo automático en la Smart Band 7 Pro

La pulsera se puede despertar haciendo el gesto de mirar la hora o tocando la pantalla y se apaga o bien pasado un lapso de tiempo, o bien, si así lo tenemos configurado, tapando la pantalla con la palma de la mano. Personalmente, recomiendo encarecidamente desactivar el gesto cuando nos vayamos a la cama por motivos evidentes.

Como su hermana no-Pro, la Smart Band 7 Pro cuenta con modo Always On, lo que nos permite ver la hora en todo momento. Aquí a gusto del consumidor. Yo prefiero llevar la pantalla apagada por una cuestión de autonomía, pero si no os importa pasar por el cargador más a menudo, sabed que podéis llevarla activada. Nosotros, para este análisis, hemos desactivado esta función.

Watchfaces

Carátulas en Mi Fitness.

En lo que a personalización se refiere, no creemos que nadie se sorprenda si decimos que hay una cantidad enorme de carátulas disponibles en la app para smartphones. Las hay para todos los gustos y colores, así que raro será que no encontremos una que nos guste. No obstante, hay que tener en cuenta que cuantos más elementos haya en pantalla, mayor será el consumo energético.

Rendimiento: una Smart Band más grande

Xiaomi Smart Band 7 Pro 13

Y ahora que ya conocemos la pulsera por fuera, veamos qué tal es por dentro. Lo primero, no obstante, es hablar de compatibilidad. La Xiaomi Smart Band 7 Pro es compatible con iOS 10 o superior y Android 6.0 o superior, por lo que, seguramente, sea compatible con la inmensa mayoría de móviles. La aplicación que usaremos para enlazarla con el móvil es Mi Fitness, disponible para su descarga en Google Play y App Store.

Ahora bien, Mi Fitness es una app… básica, demasiado básica. Una opción que tenemos para exprimir aún más la pulsera es vincularla al móvil usando Zepp Life, la app de control que usamos con los dispositivos Amazfit / Zepp (disponible en iOS y Android). Es mucho más completa y funciona mejor. Ahora bien, dado que Xiaomi recomienda usar Mi Fitness, nosotros nos hemos ceñido a esta app dado que, seguramente, sea la que usen la inmensa mayoría de usuarios.

Xiaomi Smart Band 7 Pro 2

Sea como fuere, hablemos del rendimiento. La pulsera tiene un sistema operativo propietario, lo que significa que no podemos instalar más aplicaciones desde una tienda. Lo que tenemos es lo que hay, algo que no debería pillar a nadie por sorpresa. El rendimiento es correcto y la navegación por los menús es fluida. Otra historia es la pantalla de notificaciones.

Cuando abrimos la cortina de notificaciones, algo que haremos deslizando hacia abajo, notaremos que, si tenemos muchas, el dispositivo se ralentiza y la navegación no es fluida. Y hablando de notificaciones, va siendo hora de que se apilen y organicen por aplicaciones, porque si recibes ocho mensajes seguidos por WhatsApp vas a tener ocho notificaciones diferentes apiladas y mezcladas con todas las demás.

Xiaomi Smart Band 7 Pro 12

Por otro lado, cabe destacar que la Smart Band 7 Pro no muestra correctamente los emojis (al menos en iOS), no permite responder notificaciones ni permite responder llamadas por Bluetooth. En ese sentido, sigue estando igual de limitada que su hermana pequeña. Lo que sí tenemos es Alexa, que una vez la hayamos configurado en la app para smartphones, podremos usar para pedir información, controlar la domótica, etc.

Entre las aplicaciones destacadas que nos ofrece la pulsera están el control de música (para la música que esté sonando en el móvil y que es accesible desde los entrenamientos) y el control remoto de la cámara, que funciona, realmente, como un obturador a distancia pero que en ningún momento nos permite ver la imagen capturada por la cámara en tiempo real. Nada nuevo. Seguimos sin tener NFC (al menos en la versión internacional), ergo nada de pagos móviles.

Desafortunadamente, la Xiaomi Smart Band 7 Pro que podemos conseguir en España no tiene NFC

En lo que concierne a la salud, antes de nada, cabe destacar que, si bien los sensores se comportan de forma precisa, no estamos ante un dispositivo médico. La información de la pulsera es estrictamente orientativa, así que, ante la duda, lo mejor es acudir a un médico. Dicho lo cual, salud.

Ritmo Cardiaco

Frecuencia cardíaca.

En primer lugar, la Smart Band 7 Pro nos permite analizar la frecuencia cardíaca con una frecuencia de 30, diez o un minuto, o bien automáticamente (mayor frecuencia en deporte, menor frecuencia en reposo). Cuanto mayor sea la frecuencia, mayor será el consumo de batería. El registro es preciso, aunque no tanto como otros dispositivos más enfocados a la salud. También es posible recibir notificaciones cuando las pulsaciones superen o bajen de cierta frecuencia.

Sueno

Análisis del sueño.

En segundo lugar tenemos el sueño, que funciona realmente bien. Consume más batería, pero merece la pena tenerlo activado. A través de la aplicación podremos ver un desglose de las fases, cómo ha variado nuestra frecuencia cardíaca y la evolución del nivel de oxígeno en sangre, así como una puntuación que, por ahora, está en fase beta.

Oxigeno En Sangre

Nivel de oxígeno en sangre.

Luego tenemos el nivel de oxígeno en sangre, que podemos configurar para que se mida en tiempo real. Ahora bien, ojo con este dato, porque hacerse una prueba de SpO2 requiere de cierta quietud. Dicho de otra forma, si estamos en movimiento es posible que los resultados no sean del todo precisos.

Estres

Nivel de estrés.

Finalmente, la última métrica que nos ocupa es el estrés, que se analiza basándose en la variabilidad del ritmo cardíaco y en tiempo real. Es una métrica que, como en otros dispositivos, no aporta demasiado. El único wearable que ha conseguido entender bien el estrés y su gestión, por ahora, es el Fitbit Sense 2 y la diferencia de precio es más que evidente.

Hacer deporte con la Xiaomi Smart Band 7 Pro

Xiaomi Smart Band 7 Pro 6

¿Qué es un wearable de este tipo sin su correspondiente apartado deportivo? Pues la Smart Band 7 no se queda precisamente corta. El dispositivo nos permite analizar más de 110 modos deportivos entre los cuales, por supuesto, no está el pádel. No obstante, sí hay modos populares como carrera, paseo, deportes de exterior, etc., además de diez clases de carrera con diferentes intensidades. Conviene destacar también su resistencia al agua de 5 ATM, apta para nadar.

Una de las novedades que llegan en este modelo es el chip GPS dual integrado, que ya tocaba. Gracias a este chip, compatible con GNSS (todas las principales constelaciones de satélites), podemos salir a correr o pasear y registrar la ruta sin necesidad de llevar el teléfono encima. Su rendimiento es bueno, sobre todo para un wearable de este tamaño. Tarda unos segundos en fijarnos, pero una vez lo ha hecho la señal es estable y relativamente precisa, aunque puede haber alguna que otra desviación de varios metros.

Deporte

Análisis de una sesión de pádel.

Dependiendo del deporte que analicemos el informe será más o menos completo, pero lo cierto es que no tiene nada que ver con lo que vemos en otros dispositivos. Lo hemos repetido en varias ocasiones y lo volvemos a repetir: Mi Fitness es una aplicación funcional, pero demasiado sencilla.

En las capturas superiores puedes ver un informe de una sesión de una hora de tenis (que realmente es pádel, pero en fin) y la información disponible es escasa. Podemos ver cómo ha variado la frecuencia cardiaca y cuánto tiempo hemos pasado en zona, pero poco más. Información demasiado básica para usuarios avanzados, aunque quizá suficiente para usuarios noveles.

Xiaomi Smart Band 7 Pro 9

A lo que queremos llegar es a que no es una pulsera pensada para deportistas. Si somos corredores amateur, queremos monitorizar un paseo o, simplemente, queremos iniciarnos en el mundo del deporte, quizá empezar por aquí pueda ser una buena idea. El problema, claro está, es que con la Smart Band 7 a secas conseguimos prácticamente lo mismo por menos precio.

Batería: una semanita de autonomía

Xiaomi Smart Band 7 Pro 1

Nos vamos acercando al final de este análisis, no sin antes hablar de la autonomía. La Smart Band 7 Pro nos ofrece una batería de 265 mAh de capacidad que, según Xiaomi, aguanta hasta 12 días. No lo pongo en duda, pero la realidad es que con todos los sensores activados al máximo, llevando la pulsera en todo momento y haciendo dos sesiones de deporte semanales de una hora, la autonomía ha sido menor.

Concretamente, durante el tiempo que hemos estado probando la pulsera esta ha aguantado una media de siete días. Es una autonomía más que decente y, realmente, la pulsera consigue que te olvides del cargador. Y hablando del cargador, aunque el mecanismo es un poco… de antaño (un pequeña base con pines pogo que solo encajan en una posición), funciona correctamente. El dispositivo se carga en alrededor de una hora, que es una muy buena cifra si tenemos en cuenta la autonomía final.

Xiaomi Smart Band 7 Pro, la opinión de Xataka

Xiaomi Smart Band 7 Pro 8

Siendo claros y directos, hay pocos motivos para optar por la Smart Band 7 Por teniendo la Smart Band 7 por un precio inferior. Es cierto que con este modelo ganamos una pantalla más grande, brillo automático, GPS y Alexa, pero por lo demás, la experiencia es prácticamente idéntica. La decisión la acabará marcando si queremos una pulsera o un dispositivo más parecido a un smartwatch.

¿Es un mal dispositivo? En absoluto. Es un wearable de Xiaomi, que ya de por sí es una garantía. Su comportamiento es bueno y más que suficiente para un usuario básico, por lo que, si buscamos un wearable de 100 euros, es una opción a tener en cuenta. La cosa es que tampoco perderemos demasiado si optamos por la Smart Band 7.

En resumidas cuentas: ¿necesitas o valoras el GPS y Alexa Adelante con la Smart Band 7 Pro. ¿Buscas un wearable que, simplemente, te avise de las notificaciones, analice el sueño y controle tus sesiones de deporte amateur? La Smart Band 7 es el camino a elegir.

8,2

Diseño 8,25
Pantalla 9
Software 8
Autonomía 7,5
Interfaz 8

A favor

  • La pantalla AMOLED en este formato se agradece muchísimo.
  • Una semana de autonomía, suficiente para olvidarse del cargador.
  • Chip GPS integrado y Alexa, dos buenas implementaciones.

En contra

  • Hace prácticamente lo mismo que la Smart Band 7, que es más barata.
  • Seguimos sin poder responder notificaciones o llamadas desde la pulsera.
  • Mi Fitness sigue siendo una aplicación demasiado básica.

Xiaomi Smart Band 7 Pro – Smartwatch con pantalla AMOLED de 1.64", GPS, 110 modos deportivos, frecuencia cardíaca, sueño, SpO2, 5ATM, hasta 12 días de batería, blanco (Versión ES + 3 años de garantía)

El dispositivo ha sido cedido para la prueba por parte de Xiaomi. Puedes consultar nuestra política de relaciones con empresas.


La noticia Xiaomi Smart Band 7 Pro, análisis: ser más grande es bueno, pero no necesariamente mejor fue publicada originalmente en Xataka por Jose García .

21 November, 2022 Leer más →
Technology

Apple quiere diversificar su producción más allá de China. No lo va a tener nada fácil

Apple quiere diversificar su producción más allá de China. No lo va a tener nada fácil

No hay imperio que se levante en cien días. Ni tampoco imperio que se pueda mudar de la noche a la mañana. Apple y China dejan un ejemplo bastante paradigmático. Sus nombres llevan ligados desde hace cerca de dos décadas en una relación “win-win” de la que ambos han sacado un balance más que provechoso: los de Cupertino se beneficiaban de costes de fabricación competitivos y un vasto mercado mientras el gigante asiático ha visto cómo se desarrollaba dentro de sus fronteras un interesante ecosistema empresarial que, entre otras virtudes, genera miles de empleos.

Hoy las viejas bondades de China ya no son sin embargo tan bondadosas para Apple. El problema —advierten los analistas— es que cambiar de estrategia y diversificarse hacia otras latitudes de Asia no será tarea sencilla ni algo que se pueda despachar de la noche a la mañana.

¿De dónde venimos? De una buena simbiosis, por tirar de metáfora biológica. Apple lleva fabricando en China desde poco después de que Tim Cook se uniera a sus filas y ha encontrado en el gigante asiático una tierra interesante por varias razones. Una de ellas, los costes de fabricación, que en lo que se refiere a mano de obra poco tenían que ver hace década y media con los que se despachan hoy. Un ejemplo: según Datosmacro, en 2005 el salario mínimo interprofesional rondaba los 51,5 euros al mes, casi seis veces más bajo que los 281,3 que se pagaban en 2020.

Otro factor no menor es el peso de China como mercado. La república popular juega un papel decisivo en la caja de la multinacional. Como refleja el balance de Apple, el 18,8% de las ventas netas durante el año fiscal 2022 se asocia con el negocio en China. Al margen de los porcentajes, más que respetables, el gigante asiático, un país de 1.412 millones de habitantes y una creciente clase media, destaca también en las proyecciones, aglutinando parte del mercado en crecimiento.

Una huella considerable. Porcentajes a un lado, el despliegue industrial de Apple en China se traduce en algo igual de relevante, sobre todo para las autoridades del país: empleo. Mucho empleo. Gracias sobre todo a las plantas de Foxconn en Zhenghou y Shenzen la firma estadounidense actúa como un valioso dinamizador económico. Solo en Zhengzhou, precisa CNBC, se calcula que contrata a 200.000 personas, un despliegue que le da una posición de fuerza al negociar con las autoridades.

Fuerza, que no dominio. A lo largo de los años la multinacional ha tenido que hacer importantes concesiones ante Pekín para garantizar su presencia y negocio en China, como ajustarse a ciertas directrices en cuestiones tan delicadas como las relacionadas con la privacidad o —desvelaba hace un año The Information— alcanzar un acuerdo de cinco años y un valor estimado de unos 275.000 millones de dólares con el objetivo de que le dejen operar y hacer negocios en el país.

Sin champán ni rosas. Si bien la relación entre ambas partes ha estado marcada por tiranteces, a lo largo de los últimos años se han sucedido ciertos factores que la sitúan ya muy lejos del idilio. Una de esas claves que opera como telón de fondo se relaciona con los costes de producción. El panorama, que afecta tanto a Apple como otras firmas tecnológicas ubicadas en China, lo planteaba con claridad meridiana hace solo unas semanas el catedrático Claudio Feijoo, en declaraciones a elDiario.es: “La cuestión de los salarios es la razón más profunda, el mundo se mueve por dinero”.

Veamos. En 2020 Datosmacro registraba que el SMIP de China era un 468,3% superior al de 2000. Hace no mucho Foxconn buscaba empleados en el noroeste de Vietnam a los que ofrecía un sueldo mensual que, al menos en el nivel de acceso, no llegaba ni a la mitad del que ofrecía a los nuevos fichajes de su planta de Shenzhen, en China. A esos costes se suman otros, como los cambios que ha experimentado el país en cuestiones como el control de la polución o la corrupción.

La lección de la pandemia. No todo es una cuestión de costes. La pandemia ha mostrado también los riesgos de poner demasiados huevos en la cesta china. La estrategia “Covid Zero” aplicada por Pekín obligó a frenar la producción en varias plantas y alteró la cadena de suministro global.

Cook llegó a reconocer el impacto millonario que podrían tener los cuellos de botella. Y si bien en otras latitudes las restricciones de la pandemia empiezan a asociarse con un recuerdo pasado, en el gigante asiático el panorama es bien distinto. Hace solo unas semanas Apple emitió una nota en la que explicaba que, debido a las medidas que Pekín sigue aplicando, su principal fábrica de iPhone 14 Pro opera a una capacidad reducida, lo que afecta a los tiempos de espera. Para paliar el efecto de un brote local en Zhengzhou, las autoridades han echado mano incluso de militares veteranos.

A la influencia de la pandemia se suman otros factores que han enturbiado la relación Pekín-Washington en el pasado, como las tiranteces generadas por Taiwán o la guerra comercial.

Mirar más allá de la frontera china. Eso es básicamente lo que están haciendo grandes tecnológicas, incluida la propia Apple: buscar alternativas fuera del gigante asiático, en otras latitudes de Asia. The New York Times publicaba hace poco un interesante retrato citando a compañías como Amazon, Microsoft, Google o, por supuesto, Apple, con planteamientos de producción que pasan por otros países del continente, en concreto la India o Vietnam. La idea: diversificar la capacidad.

“No hay duda de que la producción tecnológica quiere salir de China. No puede permitirse el riesgo de una interrupción continua del suministro y quieren obtener un mejor control sobre su capacidad para atender a los clientes”, señala a la CNN Lisa Anderson, directiva de LMA Consulting Group. La apuesta va también más allá de Asia. Apple plantea abastecerse de chips fabricados en Estados Unidos a partir de 2024 y ha dejado entrever también sus planes para Europa.

Ni rápido, ni sencillo. Si en algo coinciden los analistas es en que esa diversificación más allá de China no será rápida. El mismo despliegue que ha hecho fuerte a Apple en el país asiático complica su equiparación en otros lugares a corto plazo. “La escala de China no será fácil de replicar, por lo que la transición llevará tiempo y requerirá inversión”, recalca Anderson. La proximidad de los proveedores en China o la logística del traslado de componentes complican la apuesta.

“A Apple le llevará años diversificarse”, concuerda en CNBC Jeff Fieldhack, de Counterpoint Research. Que no resulte sencillo no significa que otros países muevan ficha para aprovecharse de la tesitura y reforzar su propio músculo industrial. India estaría planteándose ya impulsar incentivos financieros para firmas que fabriquen tablets y ordenadores portátiles en su territorio, una estrategia millonaria a cambio de que las firmas extranjeras se comprometan a desplegar cierto nivel inversor durante un lustro y apuesten por componentes adquiridos también a nivel local.

Imagen de portada: Apple


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21 November, 2022 Leer más →
Technology

Musk reabre las puertas de Twitter a Donald Trump: “El pueblo ha hablado”

Musk reabre las puertas de Twitter a Donald Trump:

El aterrizaje de Elon Musk en las oficinas de Twitter a finales de octubre, lavabo en brazos y entre rumores de recortes de personal y tuits que proclamaban una nueva era de libertad en la plataforma, generó casi más incógnitas que certezas. Incógnitas sobre cómo afectaría a la política editorial de la red, incógnitas sobre las verificaciones de Blue Twitter, incógnitas sobre cómo afectaría a la plantilla e incógnitas sobre qué pasaría con las cuentas que habían sido suspendidas antes de que él tomase las riendas de la empresa. No en vano, se especulaba, el propio Musk se ha encargado de proyectarse a sí mismo como un “absolutista de la libertad de expresión”.

La mayoría de esas incógnitas han ido despejándose o, como mínimo, perfilándose a lo largo de las últimas semanas. Quedaba sin embargo una de las mayores y desde luego más espinosas: ¿Y las cuentas suspendidas? El sábado el magnate dio un primer paso al anunciar el restablecimiento de tres perfiles que habían sido congelados a lo largo de los últimos meses: los de la humorista Kathie Griffin, el polémico escritor Jordan Peterson y la publicación satírica y conservadora ‘The Babylon Bee’, los dos últimos por los comentarios que habían lanzado sobre personas trans.

Quedaba la duda de las dudas, quizás no la de mayor calado para la dinámica de la plataforma, pero desde luego sí una de las que más expectativas generaba y con un valor casi simbólico en la política editorial de la compañía: ¿Qué pasaría con la cuenta de Donald Trump, suspendida en enero de 2021 después del asalto al Capitolio de EEUU y ante el riesgo de “incitación a la violencia”?

“Vox Populi, Vox Dei”

Hasta ahora Musk había esquivado esa patata caliente. Hasta ahora. En las últimas horas el nuevo dueño de Twitter lanzó una encuesta desde su propio perfil con una premisa muy directa: “Reintegrar al expresidente Trump”. Sobre la mesa puso solo dos opciones: sí o no. La consulta acabó recibiendo 15.085.458 votos, un volumen de participación que ha sorprendido al propio Musk, y la respuesta, aunque reñida, es clara: el sí, en cabeza desde el principio, se impuso con el 51,8% de los apoyos.

¿Conclusión? Musk ha readmitido a Trump en Twitter.

“El pueblo ha hablado. Trump será reintegrado. Vox Populi, Vox Dei”, tuiteaba en las últimas horas Musk, que justifica así el psao —a diferencia de lo que ocurrió con Kathie Griffin o J. Peterson— en una decisión directa de los usuarios. A lo largo de las últimas horas el propio empresario se había ido encargando de desgranar información para reforzar la validez de la consulta. En uno de sus últimos mensajes explicaba, por ejemplo, que si bien recibió 15,08 millones de votos, la encuesta la habían visto 134 millones de personas, lo que equivaldría a un porcentaje considerable de la base de usuarios activos de la plataforma. “Twitter is ALIVE”, tecleaba poco después Musk.

Una de las grandes dudas que deja la encuesta es si se vio afectada por bots y, de ser así, en qué medida y sentido han influido. Horas después de lanzar la consulta, el empresario aseguraba que había registrado “ataques” de este tipo de cuentas. “Es impresionante verlo”, deslizó.

En la red ya se puede ver la cuenta del expresidente republicano, @realDonaldTrump, con un número creciente de seguidores: si a primera hora del domingo sumaban 9,4 millones, poco antes de las 13.00 h (GMT+1). rondaba ya 52,2. El último mensaje es del 8 de enero de 2021. Ese mismo día, lejos aún de “la era Musk”, Twitter lanzó un comunicado con sus argumentos para suspender el perfil: “Tras una revisión minuciosa de los tuits recientes de la cuenta @realDonaldTrump y el contexto que los rodea, en concreto cómo se reciben e interpretan dentro y fuera de Twitter, hemos suspendido la cuenta de forma permanente debido al riesgo de una mayor incitación a la violencia“.

A finales de octubre Elon Musk había anunciado la creación de “un consejo de moderación de contenidos” que integraría “puntos de vista muy diversos” y al que, aseguró, escucharía antes de adoptar decisiones relevantes, como la recuperación de perfiles. Su nuevo paso lo sustenta sin embargo en los resultados de una encuesta lanzada desde su perfil personal de Twitter.

La medida está en sintonía en cualquier caso con los mensajes que el empresario ha ido desgranando a lo largo de los últimos meses, antes incluso de tomar las riendas de Twitter. En mayo, poco después de anunciar sus planes de comprar Twitter, Musk ya había asegurado estar dispuesto a “revertir la prohibición” y en las últimas semanas ha dejado reflexiones como la que compartía poco después de su desembarco en las oficinas de la empresa con la hija de Jordan Peterson: “Cualquier persona suspendida por razones menores y dudosas será liberada de la cárcel de Twitter”.

Trump

Tampoco Trump ha permanecido en silencio.

Estoy muy feliz de que Twitter esté ahora en buenas manos y ya no esté dirigido por lunáticos y maníacos de la izquierda radical que realmente odian a nuestro país”, apuntaba el líder republicano a finales de octubre. Queda la incógnita de cuál será su reacción ahora que Twitter lo ha readmitido

El expresidente dispone ahora de su propia plataforma, Truth Social, con la que se habría comprometido a tener un trato preferente, y ya ha mostrado sus planes de mantenerse en ella. La plataforma pertenece a Trump Media & Technology Gropu (TMTG), compañía de la que Trump es presidente y fundador. Con los resultados de las elecciones de medio mandato de EEUU muy recientes aún, Twitter le ofrece sin embargo un altavoz muy superior al de Truth Social.

El contexto es tan o más relevante que la propia decisión: Trump ve desbloqueada su visibilidad en Twitter solo unos días después de anunciar su candidatura presidencial para 2024.

Horas antes de que se cerra la encuesta, con resultados provisionales aún sobre la mesa, Trump dejó ver que no le entusiasma la idea de regresar a Twitter. “He oído que hay una gran votación para volver a Twitter. No lo veo porque no veo ninguna razón para ello”, explicó en Las Vegas: “Puede que lo consiga, puede que no lo consiga”. Lo que sí ha recalcado en los últimos días es su compromiso con Truth Social: “Ha sido muy, muy poderosa, muy, muy fuerte, y me quedaré allí”.

Imagen de portada: Jon Tyson (Unsplash)


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Pensábamos que los Tiranosaurio rex eran enormes. Ahora tenemos razones para creer que eran un 70% aún más grandes

Pensábamos que los Tiranosaurio rex eran enormes. Ahora tenemos razones para creer que eran un 70% aún más grandes

Hace ya unos cuantos años, en agosto de 1991, un grupo de arqueólogos desenterró en Saskatchewan, Canadá, un amasijo de huesos de lo que parecía ser un dinosaurio que había vivido a finales del Cretácico. El descubrimiento les entusiasmó tanto que se cuenta que esa misma noche la expedición lo festejó brindando con un buen whisky escocés. En un guiño a aquella celebración hoy a la criatura prehistórica se la conoce dentro y fuera de Canadá como “Scotty”.

Motivos tenían para hacerlo: los vestigios del valle del río Frenchman pertenecían, como se constataría años después, en 2019, al Tiranosaurio rex (T-rex) más grande jamás descubierto.

Llegar a esa conclusión les llevó su tiempo porque los huesos de Scotty estaban atrapados en arenisca dura, lo que alargó la minuciosa labor de retirar las piedras, ensamblar todos los restos y estudiarlos después comparándolos con otros fósiles similares. El esfuerzo fue considerable, pero valió la pena. Ante los arqueólogos tomó forma “el rex de rexes”, como bromeó en su día Soctt Person, investigador del Departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad de Alberta.

Juegos de palabras aparte, Scotty destacaba desde luego por sus enormes dimensiones.

Los estudios revelaron que cuando se paseaba por los valles de lo que hoy es Saskatchewan, el viejo T-rex pesaba alrededor de 8.870 kg, considerablemente más que un elefante africano, y medía 12 metros de largo. Visto en el museo podía ser fascinante. Encontrarse ante sus fauces abiertas hace 66 millones de años era sin embargo una experiencia que pocas criaturas querrían vivir.

¿Y si Scotty fuera normalito?

Ahora, tres décadas después del hallazgo de Scotty, tenemos indicios para pensar que si bien el T-rex de Canadá era enorme, al menos para los parámetros que estamos acostumbrados a manejar, quizás no lo fuera tanto entre sus iguales. Es más, los cálculos con la información que manejamos a día de hoy nos han permitido hacernos una pregunta que apunta en una dirección bien distinta: ¿Y si ese Scotty que lleva años fascinándonos —y aterrándonos— fuese en realidad un T-rex de lo más normal, lejos, muy lejos, de las enormes dimensiones alcanzadas por otros ejemplares?

Esa es la pregunta que ha lanzado un equipo de expertos durante la conferencia anual de la Sociedad de Paleontología de Vertebrados en Toronto. Durante la cita, Jordan Mallon, investigador del Museo Canadiense de la Naturaleza, y David Hone, de la Universidad Queen Mary de Londres, expusieron un ejercicio teórico que ha llevado a una conclusión fascinante: los T-rex podrían haber alcanzado dimensiones bastante superiores a las que creíamos hasta ahora.

Sus estimaciones apuntan en concreto a que el T-rex más grande pudo alcanzar los 15.000 kilogramos, mucho más que un autobús escolar de 11.000 kilos. El dato supondría un 70% más que lo que nos sugieren los fósiles que manejamos y lo que nos dicen los huesos del viejo Scotty. “Eso casi duplica el tamaño de T-rex”, explicó Mallon a la publicación Live Science.

Para sus cálculos los científicos partieron del registro fósil y un dato llamativo: se calcula que por la Tierra llegaron a pasearse 2.500 millones de Tiranosaurios Rex, una más que considerable cantidad de ejemplares que se movieron durante 127.000 generaciones. A pesar de esa cifra, la realidad es que solo manejamos unas cuantas decenas de fósiles adultos: 32, para ser más precisos, según cálculos publicados en 2021 en Nature. El dato equivale a solo uno de cada 80 millones de T-rex. Poco. Muy poco. Y, claro está, eso limita nuestra propia capacidad para conocerlos.

Mallon y Hone partieron de esa base y analizaron las cifras de población y la esperanza de vida promedio para crear un modelo de T-rex “lo más grande posible”, según precisa Live Science.

Durante su investigación tuvieron en cuenta posibles variaciones basadas en el dimorfismo sexual, el fenómeno que explica que los leones y leonas o gallos y gallinas resulten tan diferentes. Teniendo en cuenta este factor y partiendo de que el Tiranosaurio rex fuera dimórfico su modelo señalaba que podría alcanzar los 24.000 kilogramos, posibilidad que acabaron descartando porque —reconoce Mallon— de ser cierta los científicos ya habrían encontrado individuos más grandes.

El otro modelo, sin dimorfirmos, sí les permitió modelar una curva de crecimiento a lo largo de la vida del dinosaurio y estimar qué dimensiones podría haber alcanzado como adulto. El equipo reconoce en cualquier caso que de momento, y a la espera de desenterrar fósiles que corroboren sus cálculos, lo que manejan es únicamente “un experimento mental con algunos números detrás”.

“Esto nos recuerda que lo que sabemos sobre los dinosaurios no es mucho, ya que los tamaños de muestra son muy pequeños”, reconoce a la web WoerdsSidekick Thomas Carr, científico de Carthage College, quien no participó en la investigación, pero sí asistió a la conferencia impartida durante la jornada de la Sociedad de Paleontología de Vertebrados (SPV): “En este momento, no estamos ni cerca del tamaño de muestra necesario, especialmente en comparación con otras especies”.

Imagen de portada: Jon Butterworth (Unsplash)


La noticia Pensábamos que los Tiranosaurio rex eran enormes. Ahora tenemos razones para creer que eran un 70% aún más grandes fue publicada originalmente en Xataka por Carlos Prego .

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Ocho años después, WhatsApp solo ha recuperado un 10% de lo que Facebook pagó por ella

Ocho años después, WhatsApp solo ha recuperado un 10% de lo que Facebook pagó por ella

Facebook compró WhatsApp en 2014 porque supo ver que cuando su red social se convirtiese en una estatua de sal, WhatsApp dominaría el mundo de la mensajería instantánea. Idéntico movimiento al que hizo dos años antes con Instagram. Buen ojo.

Ocho años después de invertir 22.000 millones de dólares en ella (una cantidad superior a la inicialmente transmitida por la revalorización de las acciones de Facebook), solo ha logrado que WhatsApp facture poco más de un 10% de lo que le costó. Mientras que con Instagram la rentabilidad fue temprana, y el crecimiento de sus ingresos, explosivo, con WhatsApp todo está avanzando a un ritmo muchísimo más lento.

800 millones de dólares al año y subiendo

WhatsApp podría monetizarse por vías más o menos razonables como la venta de packs de stickers en una tienda centralizada donde la plataforma cobre una comisión, al estilo de la App Store; por funciones avanzadas solo para suscriptores de pago, o por opciones de compra in-app al estilo de Tinder.

Sin embargo, WhatsApp solo se monetiza a través de los usuarios de WhatsApp for Business, su producto corporativo, a quienes cobra una vez superen las 1.000 conversaciones. A partir de esa cantidad cobra por mensaje a un precio que varía en función de bloques por millones.

Esto le ha permitido ir logrando unos ingresos al alza, que rozaron los 800 millones de euros al cierre de 2021…

…pero con un acumulado todavía muy lejano a la inversión que hizo Facebook por ella.

WhatsApp está muy lejos de su potencial en cuanto a facturación. Es la tercera plataforma social a nivel mundial por usuarios solo por detrás de Facebook y YouTube, con 2.000 millones de usuarios activos mensuales.

Si comparamos con negocios de otros sectores, WhatsApp juega en la liga de Groupon, Bumble, SquareSpace o ShakeShack, empresas que o bien no son globales o bien tienen una penetración muy baja, pero logran ingresos muy similares a la aplicación de mensajería.

Su liderazgo en cuanto a usuarios únicos no se corresponde con el de sus ingresos. Ahí va una relación de la ídem entre usuarios e ingresos (año 2021) de cada una de estas grandes plataformas. Excluimos Facebook Messenger de la ecuación.

Tras ocho años desde que Facebook compró WhatsApp, y aunque los ingresos que esta le genera van aumentando con el paso del tiempo, siguen muy lejos de suponerle rentabilidad al precio pagado, pese a su enorme éxito global.

Por comparar, Facebook pagó 1.000 millones de dólares por Instagram, lo cual equivale a su facturación semanal. Con unos ingresos como los de 2021, WhatsApp necesitaría 25 años más para recuperar lo invertido por Facebook. Claro que nadie duda de que esto llegará un poco más temprano.


La noticia Ocho años después, WhatsApp solo ha recuperado un 10% de lo que Facebook pagó por ella fue publicada originalmente en Xataka por Javier Lacort .

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