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Una “sequía de larga duración”: el diagnóstico de AEMET sobre la situación enquistada del campo español

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El balance de las precipitaciones en 2022 preocupa a los expertos, y desde la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) ya se habla de la posibilidad de una “sequía de larga duración” en España. Las precipitaciones de diciembre han mejorado la situación, pero es la tendencia a largo plazo la que genera alarma.


Un año seco.
2022 ha sido un año con escasas precipitaciones, el sexto más seco del que tenemos constancia en una serie que parte desde 1961. Es también el año más seco desde 2017 (a su vez el tercero más seco de la serie histórica, solo superado por 2005 y 2015). Con 536 litros por metro cuadrado, el año se ha situado un 16% por debajo de la media.

Distribución desigual.
Mientras que en algunas áreas como el tercio norte peninsular el año fue particularmente seco, con precipitaciones que apenas alcanzaron el 75% de sus valores habituales en otras el año fue algo más húmedo de lo habitual.

Este fue el caso de algunas zonas costeras levantinas, donde la “gota fría” de primavera dejó importantes precipitaciones, o Canarias, hasta donde el huracán Hermine llevó algunos episodios de lluvias fuertes.

Sequía de larga duración.
Así las cosas, la situación preocupa a los expertos. Desde AEMET se ha alertado sobre la posibilidad de incurrir en lo que denomina una “sequía de larga duración”. Durante buena parte de 2022 la sequía ha sido protagonista, el riesgo ahora es que lo excepcional se convierta en habitual.

“Incluso se puede hablar, también a finales de 2022, de una incipiente sequía de larga duración, pues los datos de lluvia acumulada en conjunto en los tres años previos (2022, 2021 y 2020) han sido lo suficientemente escasos como para comenzar a hablar de una incipiente sequía de larga duración” explicaba Rubén del Campo, portavoz de la Aemet en declaraciones recogidas por El Periódico.

Reservas menguantes.
Esto ha afectado negativamente a las reservas hidrológicas del país, que ahora se encuentran en 25.977 hectómetros cúbicos, un 46,3% de su capacidad. Las lluvias de diciembre han “salvado” el año en este sentido. El año hidrológico, que comienza en octubre, tuvo un inicio preocupante con las reservas cayendo por debajo de los 17.600 hectómetros cúbicos.

En la última semana hemos visto un aumento del 2% del agua disponible, que nos deja algo por encima de las reservas con las que contábamos el año pasado por estas fechas, pero considerablemente por debajo del llenado medio de los últimos cinco años por estas fechas (28.692 hectómetros cúbicos).

“A pesar de la ligera mejoría experimentada en diciembre, todas las cuencas de acumulación españolas, que son similares a las cuencas hidrográficas, aunque no iguales, presentaban sequía meteorológica —es decir, una sequía que se deriva exclusivamente de la escasez de lluvias al terminar el año 2022—, excepto las del Júcar y el Segura” añadía Del Campo.

Incertidumbre.
2023 se inicia con algunas incógnitas en lo meteorológico. El Niño puede convertirse en protagonista, ya que las lluvias que implicaría podrían, en principio, permitir que nos recuperemos, al menos en parte, de la falta de agua. El coste será, eso sí, un año más cálido, lo que a su vez tendía un efecto negativo sobre las reservas de agua.

Imagen | Jesús Ojeda, CC BY-SA 2.0


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China tiene entre manos el megaproyecto de placas solares más grande del mundo. En Mongolia, claro

China tiene entre manos el megaproyecto de placas solares más grande del mundo. En Mongolia, claro

La región desértica de Kubuqi una vez fue llamada “el mar de la muerte”, principalmente por ser una zona totalmente árida, estéril y despoblada. Ahora, cientos de paneles solares azules y vegetación verde adornan el paisaje. Nadie hace 20 años pensaba que esta región autónoma de Mongolia Interior en el norte de China iba a convertirse en la protagonista de la transición energética de la segunda economía del mundo. Y que iba a acabar albergando el panel solar más grande del planeta.

La estación de energía de Junma, ubicada en el desierto de Kubuqi en Ordos, es sólo una parte de un megaproyecto de proporciones gigantescas que China está llevando a cabo en Mongolia Interior. Esta área de unos 1,4 millones de metros cuadrados alberga alrededor de 196.000 paneles fotovoltaicos, lo que la convierte en la estación fotovoltaica situada en un desierto más grande del mundo. El proyecto destinado a producir energías renovables para toda la nación cuenta con nada menos que 11.000 millones de euros de presupuesto y es parte de un despliegue enorme del país para lograr sus objetivos climáticos.

La estación tendrá en total 16 gigavatios de capacidad de energía cuando esté terminada, según un comunicado de China Three Gorges Group, uno de los dos constructores. Y será capaz de enviar anualmente 40.000 millones de kilovatios/hora de electricidad a Pekín, Tianjin y la provincia de Hebei, con más de la mitad de energía limpia.

De momento se está construyendo por etapas, en cooperación con el Grupo Mengneng de Mongolia Interior, y ahora mismo se sitúa en la fase inicial, con la construcción de 1 GW de energía solar. Una vez finalizada, la instalación masiva incluirá 8 GW de energía solar, 4 GW de energía eólica y 4 GW de capacidad mejorada de carbón.

estacion solar china mongolia

El proyecto es en realidad un alimentador de energía brutal para el país. De momento ya ha generado más de 2.312 millones de kWh de electricidad verde, lo que equivale a ahorrar 760.000 toneladas de carbón estándar y reducir las emisiones de CO2 en 1,85 millones de toneladas, según apunta State Power Investment Corporation (SPIC), el contratista del proyecto.

El impacto en la vida local

Es normal pensar que un tamaño de semejantes magnitudes tendría un impacto negativo en la vida local de esta región mongola. Pero según las autoridades del proyecto, no tiene por qué ser así. Mientras se desarrolla la estación, el proyecto quiere promover la gobernanza ecológica del desierto y trasformar la zona llevando energía verde a la población y las industrias locales, repoblando de vida las zonas áridas y generarando ingresos para los residentes locales, ya que pueden cultivar plantas y pastar entre y debajo de los paneles solares.

“Los paneles fotovoltaicos no solo pueden generar electricidad, sino también bloquear el viento y mejorar el entorno de vida de las plantas bajo los paneles solares”, explicaban desde SPIC.

estacion solar china mongolia

Todo se enmarca en un contexto en el que China ya es líder mundial en producción de energía renovable. El país ha seguido una tendencia a largo plazo de expandir ambiciosamente sus proyectos de energía solar y eólica en sus fronteras para lograr unos objetivos climáticos más drásticos que los occidentales (dado su enorme consumo energético). El plan general engloba construir 450 gigavatios de energía renovable, principalmente en zonas del interior. Y aspira a tener 1.200 gigavatios de energía eólica y solar para 2030.

Hay que tener en cuenta que la fabricación de acero y cemento del país asiático es la mitad de la producción mundial. Y esto, sumado a sus plantas químicas y las fábricas de minerales no metálicos, representan un gasto energético increíble que tiene que salir de alguna parte. Y el camino que el país está siguiendo está decidido: solo puede hacerse con energía limpia.

Imágenes: State Power Investment Corporation Nei Mongol Energy Co


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Matrix es el Mastodon de la mensajería como Slack o WhatsApp. Y es un protocolo descentralizado con grandes aliados

Matrix es el Mastodon de la mensajería como Slack o WhatsApp. Y es un protocolo descentralizado con grandes aliados

Cada vez hay más convencidos de que otra web es posible. Una red descentralizada, basada en protocolos abiertos y donde las reglas no sean impuestas directamente por las empresas dueñas de las distintas aplicaciones. Algunos ejemplos son Mastodon o Telegram. Ahora os queremos hablar de Matrix, un protocolo que ha doblado su uso durante el pasado año y ya cuenta con más de 80 millones de usuarios.


La descentralización de las aplicaciones de mensajería. Mientras Mastodon (ActivityPub) es un protocolo descentralizado para redes sociales, en el caso de Matrix hablamos de una alternativa a las aplicaciones de mensajería privada, desde las más tradicionales como WhatsApp hasta las grupales y dedicadas a entornos de trabajo como Slack o Teams.

Matrix es un estándar abierto para comunicaciones descentralizadas en tiempo real. Cuenta con licencia Apache, salió de beta en 2019 y está mantenido por una organización sin ánimo de lucro, la Matrix Foundation, creada por distintos académicos de la Universidad de Cambridge.

Con el apoyo de Automattic, Notion, Mozilla y Reddit. Sus orígenes se remontan a 2014, cuando Matthew Hodgson y Amandine Le Pape crearon la compañía New Vector, para intentar rivalizar con Slack. El proyecto fue evolucionando y posteriormente llegó la fundación.

Que el protocolo sea abierto no implica que no haya una vertiente comercial. Aquí es donde entra en juego Elements, la aplicación que hace uso del protocolo Matrix. En julio de 2021, la compañía consiguió una serie B de 30 millones de dólares, donde participaban empresas como Protocol Labs, Automattic o Notion.

Por parte del propio protocolo Matrix, TechCrunch explica que desde Reddit están haciendo pruebas para implementar Matrix como el protocolo de su chat propio. También organizaciones como Mozilla o el sistema nacional de salud de Alemania han iniciado su transición a Matrix.

En busca de la soñada interoperabilidad. Matrix ofrece un SDK y APIs para crear salas de chats, bots y mensajería cifrada. También envío de archivos, historial de conversaciones sincronizado entre dispositivos y videollamadas VoIP. Es decir, prácticamente todas las funciones que ofrecen hoy en día las aplicaciones de mensajería más modernas.

El resultado final dependerá de la interfaz usada y de la empresa que haga uso de este protocolo, pero la base sobre la que se trabaja abarca el uso de la mayoría de cosas que los usuarios puedan necesitar.

Pero si hay una ventaja de apostar por un protocolo descentralizado es el hecho de conseguir la ansiada interoperabilidad entre las distintas aplicaciones. Hoy en día, si tenemos un mensaje en Slack no lo podemos ver desde Teams. O si tenemos un listado de archivos en Telegram, no lo podemos exportar directamente a WhatsApp. Aunque se han realizado avances, las distintas aplicaciones siguen siendo incompatibles.

Con los protocolos descentralizados, las distintas aplicaciones únicamente son una interfaz, pero la estructura es común. Esto permite por ejemplo que podamos reunir en un mismo sitio los mensajes de todas las aplicaciones que trabajan sobre Matrix, e incluso del resto. Es lo que ofrece Element a través de One, una suscripción de cinco dólares al mes donde integrar en un mismo sitio los mensajes de WhatsApp, Telegram, Signal y además de todas las apps que usen Matrix.

No en vano, la propia Unión Europea obliga a que las grandes empresas ofrezcan interoperabilidad entre sus servicios. Cuesta creer que un protocolo descentralizado como Matrix vaya a ser de repente adoptado abiertamente por todos, pero sí es un buen referente de cómo conseguir que la mensajería sea interoperable.

Elements Chats

Elements, la mejor implementación de Matrix. Sobre Matrix tenemos aplicaciones como Weechat, Quaternion, Nheko o Fractal, pero a la práctica si queremos probar este protocolo optaremos por Elements. Es la aplicación más completa, además de estar diseñada por los mismos creadores del protocolo.

Elements está disponible a través de la web, como cliente de escritorio y también para iOS y Android. Y lo cierto es que funciona genial. Es como un clon de Slack, con sus funciones de voz, vídeo y mensajes cifrados. Al estar basado en Matrix, Element permite adaptarse a cada empresa y que esta sea dueña de los datos que se utilizan. Al contrario que en Teams de Microsoft o Slack, donde son estas compañías las que al final son dueñas.

En pequeños equipos de trabajo quizás no importe, pero Matrix ya ha conseguido convencer a organizaciones gubernamentales y grandes compañías como el Deutsche Bahn, Audi o Continental. En este caso no a través de Elements, sino a través de Rocket.Chat, una app abierta que usaba su propio sistema y decidió pasarse a Matrix.


La noticia Matrix es el Mastodon de la mensajería como Slack o WhatsApp. Y es un protocolo descentralizado con grandes aliados fue publicada originalmente en Xataka por Enrique Pérez .

9 January, 2023 Leer más →
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En su carrera por las baterías eléctricas sostenibles, la industria tiene una nueva esperanza: madera

En su carrera por las baterías eléctricas sostenibles, la industria tiene una nueva esperanza: madera

Hace no mucho la UE sacó la calculadora y echó cuentas sobre cuánto deberá aumentar la producción de baterías a lo largo de los próximos años si, entre otras cosas, queremos lograr los objetivos de neutralidad climática de 2050. El resultado es bastante elocuente: de una producción de 44 gigavatios hora en 2020 necesitamos pasar a 400 en 2025. No es el único indicador que apunta el peso cada vez mayor de estos dispositivos. Hace solo unas semanas la firma de análisis IDTechEX estimaba que el mercado de las baterías de iones de litio alcanzará un valor de aproximadamente 430.000 millones de dólares impulsado en gran medida por la venta de coches eléctricos.

El gran reto es cómo lograr que esas baterías eléctricas sean a su vez lo más sostenibles posible. Y hay quien cree tener la clave: fabricarlas aprovechando los recursos que nos dan los árboles.

¿He oído baterías a base de madera Así es como las presentan las empresas que a lo largo de los últimos años se han lanzado a apostar por su desarrollo, como las nórdicas Northvolt, Stora Enso o Ligna Energy. Y aunque no se trata exactamente de baterías fabricadas con troncos, el concepto capta bien su clave: son dispositivos que se fabrican con recursos que ofrece la madera.

En su web, Stora Enso, que se asociaba a mediados de 2022 con Northvolt, detalla por ejemplo que la clave de su sistema es el Lignode, carbono a base de lignina, un polímero orgánico crucial en los tejidos de la mayoría de plantas —representa entre alrededor del 20 y 30% de la composición de la madera— y se obtiene como subproducto de la producción de fibra de celulosa. En los árboles la lignina actúa como aglutinante e influye en la rigidez o la resistencia a la putrefacción.

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El objetivo: dispositivos más sostenibles. La propuesta de Stora Enso pasa por usar lignina en vez del grafito sintético, no renovable y de origen fósil que ahora usamos en las baterías. La empresa reivindica que el carbono a base de lignina se puede aprovechar para baterías como las que usamos en la industria de la automoción, la electrónica de consumo o en los sistemas de almacenamiento de energía a gran escala. “Nuestro objetivo es ofrecer el material de ánodo más sostenible y de menor impacto”, señala la compañía, con sede en Helsinki y que destaca la trazabilidad de su producto.

“Queremos reemplazar el grafito”. Ese es el objetivo que se ha marcado la compañía y el que compartió Lauri Lehtonen durante el MOVE 2022, cita en la que presentó su propuesta: “Uno de los grandes desafíos que tenemos en la industria de las baterías actual es que las de iones de litio usan grafito y el grafito es un carbono fósil que se extrae mediante técnicas de minería o se produce sintéticamente, con las consecuentes repercusiones sociales y medioambientales […]. Queremos reemplazarlo con algo renovable, que vuelva a crecer: baterías hechas de árboles”.

¿Ofrecen algún beneficio extra Sus impulsores aseguran que sí. Y como principal ventaja, más allá del valor ecológico, señalan su potencial para suplicar una posible escasez futura de materiales. Stora Enso recuerda que el grafito es uno de los elementos clave para las baterías de iones de litio y su demanda se verá tensionada a medida que la industria y movilidad se alejen de los combustibles fósiles. No solo eso. Ya en clave geoestratégica y comercial, la compañía finlandesa recuerda que un porcentaje considerable de los materiales para los ánodos se producen ahora en China.

“Las baterías de iones de litio son rentables, pero dependen del litio, grafito y otros materiales cuyo abastecimiento tiene impactos ambientales y sociales. Se está desarrollando una solución potencial en la que se utiliza madera para reemplazar estos materiales con una alternativa renovable de base biológica”, señala el youtuber Matt Ferrell, quien ha elaborado un reportaje sobre el tema.

Más allá de sea fortaleza. Stora Enso asegura que la calidad del carbono duro de lignina es comparable a otros materiales de ánodo de carbono no grafíticos y su producto, Lignode, ofrece ciertas ventajas, incluida una tasa de carga más rápida. El gran punto fuerte en el que incide una y otra vez la empresa es sin embargo su carácter sostenible, lo que contribuye a alcanzar los objetivos medioambientales y —desliza— a ofrecer a los fabricantes una ventana a nivel de marketing.

¿Y más allá de la teoría Hay empresas que están moviendo ficha para apostar por estos dispositivos, más allá de la teoría o los prototipos. Stora Enso tiene ya una planta piloto en Sunila, Finlandia, donde produce lignina desde 2015 y con una capacidad de 50.000 toneladas anuales. A mediados de 2022 evaluaba su primera producción industrial de Lignode en Sunila. Hace meses lograba además un acuerdo con Northvolt, proveedor europeo de celdas y sistemas de baterías.

Otra compañía que destaca en la apuesta por las baterías sostenibles es la firma sueca Ligna Energy, que ha desarrollado baterías a base de madera fabricadas en rollo. Su componente clave es también la lignina, material que emplea en la búsqueda de una solución rentable, ecológica y segura para el almacenamiento de energía. En septiembre sus responsables presentaban también S-Power, un dispositivo diseñado para aparatos conectados, como sensores o dispositivos de baja potencia. “Hará posibles dispositivos de IoT ecológicos, una necesidad para la digitalización”, resalta.

Imágenes: Stora Enso y Azzedine Rouichi (Unsplash)


La noticia En su carrera por las baterías eléctricas sostenibles, la industria tiene una nueva esperanza: madera fue publicada originalmente en Xataka por Carlos Prego .

9 January, 2023 Leer más →
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Europa se las prometía muy felices como líder de la industria de los aerogeneradores. Hasta que apareció China

Europa se las prometía muy felices como líder de la industria de los aerogeneradores. Hasta que apareció China

Soplan vientos recios en la industria eólica europea. En un sector complejo, marcado por la transición hacia las energías renovables, la guerra de Ucrania, la crisis energética y un mercado que les obliga a batirse el cobre a escala global, las firmas del viejo continente se asoman a un año repleto de retos. Lo advierte The Financial Times y lo ha dejado entrever el propio sector, que a lo largo de los últimos meses no ha dudado en reconocer la dureza del escenario. “La crisis actual amenaza la posición de Europa como líder de la industria renovable”, advertía el pasado otoño Siemens-Gamesa.

Razones tienen para avanzar un 2023 duro.

¿Qué dicen las cifras? Que pese a su papel crucial para la transición energética y el respaldo institucional, grandes fabricantes europeos del sector, como Siemens Gamesa, Vestas o Nordex, afrontan un escenario complejo. A principios de noviembre el fabricante danés Vestas informaba de unos números rojos durante los primeros nueve meses del año de 1.031 millones de euros, lejos del beneficio de 129 millones que había alcanzado durante el mismo período de 2021.

Por las mismas fechas Nordex admitía la complejidad del escenario y Siemens-Gamesa cerraba el año fiscal con una pérdida neta reportada de 940 millones de euros. El horizonte también se adivina complicado. Así lo reconoce al menos Petra Manuel, analista de Rystad Energy, a The Financial Times (TFT), quien anticipa que 2023 “probablemente también será un año desafiante”.

¿Cuáles son las razones? Al exponer su situación las compañías señalan un cóctel de diferentes factores que se resume en lo que Siemens-Gamesa tacha, sin andarse por las ramas, de “contexto macroeconómico y geopolíticamente extremadamente complejo”. ¿Por qué? Desequilibrios en el mercado, la deriva de los precios e interrupciones en la cadena de suministros acentuados por la geopolítica y la pandemia, lo que interfiere a su vez con el cronograma de los proyectos.

“Tras un año complicado, comienza el ejercicio 2023 en un entorno igualmente complejo, caracterizado por una inflación elevada e interrupciones en la cadena de suministro que afectan de forma significativa al coste de los materiales”, comenta la compañía hispano-alemana, que reclama que la industria eólica europea logre la etiqueta de “estratégica”. Los retrasos en las entregas incluso derivan en ocasiones en penalizaciones por los compromisos asumidos con los clientes.

El precio de las materias primas y la guerra. Por su importancia, vale la pena desgranar algunas de las razones de ese “cóctel”. Uno de los casos más claros es el del precio de la energía y materias primas fundamentales para el sector, como el acero, marcados por la inflación y los efectos de la guerra de Ucrania. Su efecto se deja sentir de forma clara en la fabricación de las turbinas.

…Y otros factores que componen el cuadro. No es el único motivo, por supuesto. “La rentabilidad de la industria se ve actualmente amenazada por la lentitud de los permisos, subastas centradas únicamente en el precio y, en última instancia, el aumento de los precios de la energía, las materias primas y el transporte”, advierte Siemens-Gamesa, que recuerda que la crisis sanitaria ha derivado en la escasez de componentes clave para los aerogeneradores y a lo largo del año la guerra de Ucrania ha “exacerbado” los problemas de la cadena de suministros.

La asociación Wind Europe calcula que durante el tercer trimestre de 2022 los pedidos de turbinas eólicas cayeron un 36% si se comparan con el mismo período de 2021, y lanza un aviso: “Europa necesita urgentemente resolver los permisos y fortalecer su cadena de suministros de eólica”.

La sombra de China. No todo son tendencias o fenómenos que, como la guerra o la pandemia, acaban afectando al sector. En el panorama que afronta la industria eólica europea hay también un actor protagonista con nombre propio: China. La competencia del gigante asiático es cada vez más palpable, como reconoce Giles Dickson, directivo de WindEurope, a The Financial Times: “China está comenzando a ganar algunos… pedidos en Europa de turbinas eólicas. Están llamando a la puerta”.

No es el único en advertir de ese fenómeno. En octubre la compañía hispano-alemana insistía en reclamar una mayor protección para el sector europeo por el papel estratégico que desempeña. Es más, su consejero delegado, Jochen Eickolt, reclamó que la UE obligue a la potencia asiática a competir en igualdad de condiciones, con la misma normativa que las firmas europeas.

Sobre la mesa, un dato clave. Como recoge TFT, China ha logrado elevar su cuota de mercado mundial de nuevas turbinas de forma exponencial: si los principales fabricantes del país acaparaban el 36,6% de las nuevas instalaciones de turbinas a nivel mundial en 2018, en 2021 ese dato rondaba ya el 53,5%. “Nos enfrentamos a la competencia china en los mercados globales y también cada vez más en Europa”, recalca Eickholt, antes de incidir en que los fabricantes del gigante asiático a menudo reciben “apoyo adicional, generalmente de fuentes nacionales o regionales”.

“Al final del día, sentimos que hay una batalla desequilibrada, o al menos no tenemos el mismo nivel de oportunidades aquí”, subraya el directivo, que precisamente con ese telón de fondo reivindica “igualdad de condiciones” y urge plantear las turbinas eólicas como infraestructuras críticas.

¿Cuál es el horizonte más allá de 2023? “Las presiones a corto plazo siguen siendo muy altas y están afectando negativamente a nuestra rentabilidad”, explicaba Nordex en noviembre. Más allá y pese a los múltiples retos que afronta el sector, el panorama sería más positivo. “No creo que haya una amenaza existencial. Los motores a largo plazo están tan claros como siempre. Es cuestión de mirar al año que viene”, comenta a The Financial Times Sean McLoughlin, de HSBC.

Las empresas negocian mejores precios y condiciones contractuales favorables. La clave, como incide el experto, es el flujo de pedidos. “Lo que faltan son los volúmenes”, remarca. La industria confía en que la demanda de turbinas haya aumentado para mediados de la década.

Imagen de portada: Made From The Sky (Unsplash)


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9 January, 2023 Leer más →
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Apple lanzó un híbrido entre Macintosh y TV en 1993. Acabó fracasando estrepitosamente

Apple lanzó un híbrido entre Macintosh y TV en 1993. Acabó fracasando estrepitosamente

Si bien Apple es la responsable de productos tremendamente exitosos como el iPod y el iPhone, la compañía de Cupertino ha acumulado una importante lista de fracasos a lo largo de su historia. Desde el Mac Portable hasta la consola de videojuegos Pippin y la red social iTunes Ping.

Uno de los fracasos menos conocidos de Apple, quizá por su corto tiempo de vida, fue el del Macintosh TV. Como recoge Vectronic’s Apple World, en 1993, una compañía muy diferente a la que conocemos en la actualidad lanzaba este híbrido entre ordenador y televisor que se presentaba como un all-in-one de 2.079 dólares.

El intento fallido de vender un TV dentro de un Mac

A principios de la década de 1990, si necesitabas un televisor y un ordenador, podías comprar un Sony Trinitron CRT de 14 pulgadas y un Macintosh LC 500. Sin embargo, Apple pensó en lanzar un producto que combinara lo mejor de los dos mundos al que bautizó como Macintosh TV.

Se trataba de un dispositivo que presumía de una reluciente carcasa de color negro, una opción todavía poco común para la época, y que se entregaba junto a un teclado, ratón y control remoto. En su interior habitaba un procesador Motorola 68030 de 32 MHz y 5 MB de RAM.

En cuanto al almacenamiento, el Macintosh TV incorporaba una unidad de disco de 160 MB y un lector de CD-ROM. Pero eso no era todo. La esencia del dispositivo radicaba en la pantalla que básicamente era televisor Sony Trinitron CRT de 14 pulgadas con su correspondiente sintonizadora de TV. Y claro, además presumía de sonido estéreo.

Macintosh Tv 2

Pero esta combinación de hardware bajo la misma carcasa no consiguió conquistar a los usuarios, posiblemente por sus limitadas capacidades. Si bien sus hermanos de la serie Macintosh LC 500 tenían procesadores de 25 MHz, el Macintosh TV se lanzó con un bus más lento.

Este punto penalizaba enormemente el rendimiento del equipo. Además, solo se podía actualizar a 8 MB de memoria, una limitación importante si se tenía en cuenta que el LC520 original lanzado anteriormente podía elevar la cantidad de RAM hasta los 32 MB.

Macintosh Tv 3

Las carencias no terminaban ahí. El Macintosh TV carecía de un conector DB-15, muy popular en la época, para pasar vídeo a una pantalla externa. Y, por su eso fuera poco, solo se podía usar de un modo a la vez, es decir, como ordenador o como televisor, y no tenía capacidades de captura de vídeo.

El movimiento de la Apple de John Sculley, recordemos que Steve Jobs se había marchado en 1985 para fundar NeXT, se tradujo en la fabricación de solo 10.000 unidades del Macintosh TV y de su salida del mercado aproximadamente cinco meses después de su lanzamiento, de acuerdo al libro Macintosh Switcher’s Guide de Robert Standefer.

La compañía, no obstante, supo sacar provecho de aquel experimento. De lo aprendido en el desarrollo del Macintosh TV, más tarde consiguieron lanzar nuevos modelos de la serie LC 500 con tarjetas sintonizadoras de vídeo que, además, podían realizar capturas. A partir de 1995 los usuarios sí podían utilizar su ordenador y ver televisión al mismo tiempo en sus Mac.

Imágenes: Ben Boldt (Wikimedia Commons) | 30pin Pictures | Jeff Nelson

En Xataka: Apple TV+ ha pasado de ser mi plataforma favorita a que me esté planteando darme de baja


La noticia Apple lanzó un híbrido entre Macintosh y TV en 1993. Acabó fracasando estrepitosamente fue publicada originalmente en Xataka por Javier Marquez .

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Unos científicos diseñaron el “chocolate perfecto”, y el secreto está en la física

Unos científicos diseñaron el “chocolate perfecto”, y el secreto está en la física

Hay muchos factores que afectan a la calidad del chocolate. La combinación de sabores dulce y amargo, los ingredientes que se utilicen en su elaboración… y su textura. Es precisamente esta última variable la que unos físicos neerlandeses creen poder dominar. La clave está en los llamados metamateriales.


Pero, ¿qué es un metamaterial? Se trata de materiales con unas propiedades diferentes a las que se pueden asociar a los materiales convencionales naturales. Estas propiedades están relacionadas con su interacción con distintas ondas (generalmente las electromagnéticas). Esto lo consiguen a gracias a sus microestructuras de dimensiones menores que las ondas con las que interactúan.

El equipo de investigadores decidió comprobar si lo aprendido sobre estos materiales podía tener aplicaciones culinarias, y comenzaron comprobando si podían crear chocolatinas partiendo de estos principios. Para ello utilizaron una mezcla de chocolate con un 72% de cacao que disolvieron para recomponerlo después con la ayuda de una impresora 3D.

Los investigadores probaron algunas formas que darle a estas chocolatinas, algunas con forma de S, otras más enrevesadas. A través de pruebas en laboratorio, los investigadores pudieron comprobar cómo cada una de las formas se comportaba cuando era sometida a presión, es decir, cuando simulaban el mordisco del consumidor.

El proceso de creación de estas formas y las pruebas de laboratorio a las que fueron sometidas las chocolatinas fueron publicados a través de un artículo en la revista Soft Matter. En él detallan cómo lograron controlar cómo el chocolate se quebraba en las pruebas a la que era sometido y cómo estas rupturas dependían de las formas con las que los investigadores experimentaban.

La textura de los alimentos es importante, y parece que lo crujiente nos genera más placer cuando comemos. Una hipótesis señala que es probable que esto se deba a que asociamos la textura crocante con los alimentos frescos. Los investigadores dieron a probar el chocolate que crearon a un grupo de participantes.

El objetivo era comprobar si este nuevo control sobre la textura del chocolate repercutía sobre la experiencia de los consumidores. Aunque este segundo ensayo no fue incluido en el artículo, los investigadores se mostraban complacidos por la prueba. La física de la alimentación es sin duda curiosa.

Además de instituciones como la Universidad de Amsterdam y la Universidad Tecnológica de Delft, en el estudio tuvo participación de uno de los centros de innovación del gigante alimentario Unilever. El desarrollo de nuevas técnicas para hacer nuestros alimentos más nutritivos y más sabrosos puede resultar importante en las próximas décadas. Por ejemplo en el ámbito de la exploración espacial.

Poner alimentos en órbita (y una vez ahí, consumirlos) es una tarea mucho más compleja de lo que parece. Una de las opciones que manejan algunos es la de transformar los alimentos en polvo y reconstruirlos en el espacio con ayuda de agua y una impresora 3D. En teoría es fácil, pero puede que recuperar la textura de algunos alimentos quede fuera del alcance de estos ingenios. Aquí es donde podrían ayudar los metamateriales, aportando ese último toque tan importante para nuestros paladares.

Pero las funciones que se suelen buscar para los metamateriales suelen estar muy lejos de lo culinario. Sin embargo, el control sobre cómo un material se quiebra puede ser de tremenda importancia en un ámbito muy distinto como por ejemplo la seguridad vial. Crear cascos y carrocerías que absorban los impactos protegiendo a portadores y ocupantes es por ejemplo uno de los usos que puede darse de estos metamateriales.

Y los usos van más allá, desde la creación de superlentes que puedan ayudarnos a ver lo que se escapa a las lentes convencionales a materiales que puedan proteger nuestros edificios de las ondas sísmicas de los terremotos, pasando por capas de invisibilidad que por ahora pertenecen a los reinos de la fantasía y la ciencia ficción.

“Como los metamateriales están aún en su infancia hay gran potencial en este campoexplicaba Fabio Valoppi, de la Universidad de Helsinki, quien no participó en la creación de las chocolatinas. “En la Tierra tenemos materiales limitados con propiedades limitadas. La belleza de los metamateriales (tanto en su forma comestible como en la no-comestible) es que tan solo añadiendo algunas formas y arquitectura a los mismos materiales con propiedades limitadas, podemos obtener nuevas funcionalidades.”

Imagen | Tetiana Bykovets


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8 January, 2023 Leer más →
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Estamos en 2023 y el juego en la nube se ha enquistado

Estamos en 2023 y el juego en la nube se ha enquistado

Entre 2019 y 2020 se sucedieron varias propuestas para el juego en la nube. Y no por parte de cualquiera. Google lanzó Stadia, Amazon anunció Luna, Microsoft aprovechó el E3 para anunciar lo que era Project xCloud y Sony estrenó PS Now.

Muchos pensamos que para 2023, el juego en streaming iba a ser quizás no la norma, pero sí una fuerte tendencia cada vez más adoptada. El avance tecnológico y de la conectividad solo iba a beneficiarle. Con un 5G cada vez más omnipresente y una fibra asentada que pudiese ir reduciendo latencia y aumentando velocidad, todos los caminos llevaban al éxito.

Ya estamos en 2023, y esas predicciones han quedado en entredicho.

Pasos glaciares, cierres esperados

2023 va a empezar con Stadia cerrando sus puertas. Se veía venir. La gran apuesta que hizo Google en su lanzamiento no tardó en diluirse. Cada vez menos novedades, apenas unos nuevos títulos de vez en cuando, pero con un estatismo poco habitual para el sector.

Simplemente, daba la impresión de que una vez lanzado Stadia, las personas que lo hicieron posible pasaron a tener otras prioridades. Algo que se confirmó parcialmente con ciertas revelaciones posteriores de exempleados de Alphabet, que afirmaron que en su cultura corporativa, los lanzamientos son lo que se tiene en cuenta para promocionar. Una vez finalizado uno, la fase de mantenimiento y expansión ya no resultan atractivas a muchos de sus empleados, así que el proyecto va languideciendo. Justo lo que ocurrió con Stadia.

Así y todo, unas buenas cifras podrían haber mantenido el interés por ello, pero no fue el caso, Stadia nunca fue demasiado relevante pese a lo cómodo de su propuesta y a su funcionamiento razonablemente bueno. Ni siquiera con el hecho de eliminar la barrera de entrada que supone el precio de una consola para acceder a una plataforma de videojuegos. Ni siquiera dando acceso a un cierto catálogo a cambio de una asumible cuota de 10 euros al mes.

Quizás con un mayor esfuerzo en marketing y en captar franquicias o estudios de desarrollo el desenlace hubiese sido diferente, pero ya nunca lo sabremos. En unos pocos días, Alphabet cerrará Stadia y tirará la llave. Hasta la próxima.

Microsoft sí lleva tiempo haciendo una apuesta seria por el juego en la nube. Perdida la guerra generacional contra PlayStation 4, se enfocó en cambiar el concepto: ya no les importaría que la gente gastara 300 o 500 dólares en su consola, lo que buscaban era que pagaran su cuota de 10 o 15 dólares al mes a cambio de su tarifa plana de videojuegos y el acceso al juego online. De la consola a la nube. El videojuego como servicio.

Sin embargo, los pasos están siendo quizás más lentos de lo esperado. Su naming ha atravesado varias fases y el definitivo, ‘Xbox Cloud Gaming’, al que se accede mediante una URL que ni siquiera lo incluye, xbox.com/play, no parece el de una apuesta tan contundente como creíamos. Seguir en beta en pleno 2023, tampoco.

Si los pasos de Microsoft con Cloud Gaming están siendo lentos, los de Sony con PS Now están siendo glaciares. Simplemente su apuesta principal es otra. Amazon Luna sigue en pruebas privadas solo en Estados Unidos. Precisamente Amazon es una empresa que suele tardar poco en llevar sus ideas al desarrollo y de ahí al lanzamiento comercial. No es el caso de Luna.

Distinta es la historia de NVIDIA con GeForce Now, añejo y en buena forma con un catálogo generoso, aunque quizás lejos del resto en relevancia comercial masiva, en parte por no ser tienda, sino plataforma, y permitir jugar a títulos comprados en otras como Steam o la Epic Games Store.

Y así estamos en pleno 2023. Viendo cómo la realidad del videojuego sigue mucho más ligada a las consolas físicas que a convertirse en servicios en la nube. Va a hacer dos años que pronosticamos que tal vez nuestra próxima consola fuese una simple app en nuestra tele, móvil o tele; pero hoy por hoy parece algo reservado a unos pocos casos de uso mientras el resto esperamos a una propuesta algo más solida.

Después de todo, el jefe de Xbox ya anticipó en 2019 que a la revolución del juego en streaming le quedaban “años y años”. Quizás se refería a algunos más de los que teníamos en mente entonces.


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8 January, 2023 Leer más →
Technology

No es tu impresión: los precios de los coches se han disparado en los últimos años. Y tenemos los datos que lo demuestran

No es tu impresión: los precios de los coches se han disparado en los últimos años. Y tenemos los datos que lo demuestran

Hace unas semanas contábamos la terrible odisea que es hoy en día tratar de comprar un coche de segunda mano. Si uno busca un precio razonable para un coche como el que hasta hace muy poco asumíamos que encajaría en esa horquilla, ahora es misión imposible. Es un mercado de precios disparados, y una de sus causas es que también se han encarecido los coches nuevos.

Este es un runrún que lleva tiempo sonando: un coche de concesionario es bastante más caro ahora que hace unos pocos años. Sin embargo, queríamos cuantificarlo y entender hasta qué punto es cierto, y en qué medida. Y eso hemos hecho.

75 coches de 25 marcas

Hemos recogido los precios de 75 modelos de coches del mercado. El requisito era que ya fuese comercializado en 2014, y siguiese siéndolo ahora. No encaja un ID.4, por ejemplo, que llegó al mercado en 2020. Hemos escogido modelos de veintinco marcas distintas, acotándonos a los más habituales en las carreteras españolas que mantengan el requisito principal.

Una vez escogidos, hemos recuperado sus precios de 2014 para combinarlos con los actuales, de finales de 2022. Siempre ciñéndonos a sus modelos básicos. Hemos calculado la diferencia entre esos precios, y hemos calculado la variación porcentual entre ambos. Y por supuesto, hemos descartado el efecto de la inflación (un 18,16% acumulado en este período, la mayoría en los últimos meses). De forma que las cifras que hemos logrado son una vez descontada la inflación. Una subida del 0% equivaldría a un 18,16%, la misma que la inflación.

Vamos con el gráfico. Puedes pasar el cursor para ver qué modelo es cada punto concreto, tanto en la referencia de 2014 como en la actual, y filtrar por marca o por categoría, que hemos simplificado a compactos, berlinas y SUV.

Aunque la subida es generalizada, las superiores se concentran en los coches por debajo de los 30.000 euros. Es decir, los más vendidos. Por encima del 50% de subida —insistimos, ya descontado el efecto de la inflación— aparecen modelos como el exitosísimo Nissan Qashqai, que inauguró la categoría de los SUV; el Volvo S60 o el Skoda Fabia.

Marcas como Ford, Citroën o BMW tienen las subidas más suaves, mientras que Mini, Peugeot, Nissan o Volvo tienen las más acentuadas.

Así que no es solo una percepción: los coches han disparado su precio en los últimos años, muy por encima de la inflación acumulada, en cualquier rango de precio, en porcentajes que superan el 40% en muchos casos.

Algunos ejemplos concretos y rápidos: por lo que costaba un Audi A4 hace ocho años, ahora uno puede comprarse un A3. Un Hyundai i30 actual cuesta lo mismo que costaba un Tucson en 2014. Con lo que costaba un Volkswagen Tiguan entonces hoy no da ni para comprar un Golf. Un Skoda Fabia cuesta lo que costaba un Octavia. Hay muchas formas de verlo.

Vamos con algunos ejemplos gráficos. Un presupuesto moderado, de 12.000 euros de 2014, que equivalen a poco más de 14.000 actuales. Un Fiat 500, un Seat Ibiza, un Suzuki Swift o un Kia Rio encajaban en ese presupuesto hace ocho años. Ahora solo podemos aspirar a un Dacia Logan o un Sandero, un Hyundai i10, notablemente por debajo del Ibiza; o un Kia Picanto, el escalón inferior al Rio.

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Con 20.000 euros de presupuesto en 2014 también podíamos comprar coches sensiblemente superiores a los que podemos comprar hoy con ese mismo dinero, ajustado tras la inflación. En algunos casos, lo que antes nos daba para la berlina de un fabricante, ahora nos da para el modelo compacto. O para pasar de un Mini a un Megane.

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Y si nuestro presupuesto es más holgado, pongamos de 40.000 euros en 2014, que serían algo más de 47.000 actuales, las comparativas directamente son odiosas. De un BMW X3 a un Hyundai Santa Fe, por ejemplo.

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Buscando las causas

¿Qué ha provocado que el sector del automóvil haya elevado sus precios muy por encima de la inflación? ¿Qué ha motivado que algunos coches hayan estado muy cerca de doblar su precio, y otros lo hayan hecho con creces? A estas preguntas damos tres respuestas rápidas que pasaremos a explicar en las siguientes líneas: Euro 6, Euro NCAP y los propios consumidores.

Euro 6, la norma que lo cambió todo entre los coches diésel

1 de septiembre de 2015. Todos los coches y furgonetas nuevos vendidos en Europa tienen que ser homologados con una nueva normativa de emisiones. Una normativa que está a punto de morir  pero que ya en su día provocó importantes dolores de cabeza a los fabricantes. El objetivo, una vez más, reducir las emisiones contaminantes de los vehículos.

Esta vez, el foco se puso especialmente en los coches diésel. Se trataba de reducir las cifras de hidrocarburos, de monóxido de carbono y, sobre todo, de óxidos de nitrógeno (NOx) y partículas, uno de los motivos por los que con la normativa Euro 7 se quiere vigilar hasta el desgaste de los frenos.

El problema para los fabricantes era que tenían que emplear enormes inversiones para seguir compitiendo con motores diésel que ya estaban bajo la lupa. Todo se recrudeció pocos meses después con el Dieselgate, la demostración de que Volkswagen utilizaba el software de sus coches para falsear las pruebas de laboratorio y que, posteriormente, acabó salpicando a muchos otros fabricantes. Un escándalo que confirmó que era necesario cambiar los protocolos de homologación y que ha terminado por desembocar en el actual ciclo WLTP.

A esto hay que sumar que, explotado el Dieselgate, los fabricantes acordaron actualizar su software para mejorar la cantidad de gases expulsados. El coste de este movimiento en el caso de los fabricantes alemanes se cifró en 3.000 euros por vehículo.  Un coste que tuvieron que asumir los fabricantes para todos aquellos que acudieron a sus talleres.

Más allá de todo esto, los fabricantes empezaron a homologar sus coches con Euro 6 en septiembre de 2014. Un año después necesitaban tener a punto unas motorizaciones mucho más avanzadas y complejas. Entraba en juego, entre otros sistemas, el catalizador SCR y el AdBlue  para los vehículos diésel, un sistema que reduce las emisiones contaminantes que salen por el escape del coche y sin el que no se puede circular.

Si echamos la vista atrás encontraremos que el Banco Europeo de Inversiones (BEI) prestó más de 20.000 millones de euros a los fabricantes entre los años 2005 y 2015. Sólo a Volkswagen se le concedieron catorce préstamos con el objetivo de reducir los consumos de sus motores y las emisiones contaminantes.

Si hablamos de cifras concretas de inversiones, nos ha sido muy complicado encontrar estos datos, pero sí sabemos que en 2013 ACEA cifraba el coste de estar dentro de los límites de emisiones en 2020 en un encarecimiento de entre 1.000 y 2.000 euros por vehículo, en comparación a 2010. Ya entonces señalaba que en lo que iba de milenio, los coches se habían encarecido más de un 25%, que quedaba por debajo del 20% si se ajustaban los precios a la inflación. Antes, en 2013, sólo con la introducción del WLTP, la Unión Europea calculaba que un coche podría encarecerse más de 1.800 euros.

Las estimaciones de analistas del mercado iban en la misma dirección. Pasar de Euro 5 a Euro 6 tenía un sobrecoste de entre 471 y 626 dólares en motores diésel. Ajustarlos a las normas de emisiones estaba encareciendo cada motor desde su nacimiento en hasta 1.862 euros si hablamos de un propulsor diésel.

Una parte del encarecimiento de los coches la explican las regulaciones antiemisiones, que se han ido endureciendo en los últimos años

Con el tiempo, las restricciones se han ido endureciendo, hasta que en 2019 las marcas tuvieron que hacer frente a la Comisión Europea. Cada año, se contabilizan las emisiones medias de la flota de vehículos vendidos en Europa. Esta media no puede superar los 95 gr/km de CO2. En caso de no ser así, el fabricante es multado con 95 euros por gramo excedido y coche vendido.

Es decir, si la media de la flota alcanza los 100 gramos, la multa asciende a 95 euros por cada uno de los 5 gr/km de CO2 excedido. Una multiplicación que arroja 475 euros. Esta cifra debe multiplicarse por todos y cada uno de los coches vendidos en Europa por ese fabricante. Si ha vendido un millón de vehículos, la multa será de 475 millones. Una fórmula que derivó en una agresiva electrificación de las flotas de automóviles.

La idea de los fabricantes era clara: les interesaba automatricular coches eléctricos (contaban doble en la suma final y les ayudaban mucho a reducir las emisiones contaminantes) aunque no hubiera mercado para ellos. Si era necesario los venderían más baratos que uno nuevo pero les permitiría aplacar el golpe. Es uno de los motivos por el que los fabricantes quieren vender SUV eléctricos y una “trampa” que se eliminará con Euro 7.

Y a lo anterior hay que sumar que desde 2018 el WLTP ya era obligatorio para todos los vehículos, un sistema que había elevado sensiblemente los consumos y los volúmenes de emisiones en las fichas técnicas de cada vehículo, lo que complicó alcanzar los objetivos descritos y acercó las temidas multas. Para hacernos una mejor idea, un coche tan pequeño como un Toyota Yaris con motor de gasolina de 70 cv y bajo el antiguo ciclo NEDC (menos exigente) ya alcanzaba los 99 gr/km de CO2.

SP Global Consulting calculaba unas multas totales para los fabricantes de 14.500 millones de euros en 2021, casi 1.000 euros por cada coche vendido. Un sobrecoste que, sin duda, a acabado repercutiendo en los consumidores que, además, ven como el coste del combustible se ha disparado en el último año, superando incluso a la gasolina 98.

Euro NCAP, la seguridad tiene un coste

“Con cinco estrellas Euro NCAP”. Hay que retroceder hasta 2001 para encontrar el primer coche con cinco estrellas Euro NCAP. El hito lo consiguió el Renault Laguna y se convirtió en un reclamo comercial inmediato para la marca. Si bucemos aún más, encontraremos que antes de los años 2000 eran habituales los coches valorados con dos (o una) estrellas en estos test que buscan garantizar la seguridad en los vehículos.

Sin embargo, ese reclamo de las cinco estrellas Euro NCAP empezó a diluirse en la primera mitad de los años 2000. Los vehículos avanzaron en las pruebas de choque y los examinadores comprendieron que, si querían exigir una mayor seguridad, tendrían que analizar los nuevos recursos que tenían los fabricantes entre manos. En 2003, se empieza a a estudiar el impacto que tienen los choques sobre los ocupantes infantiles y en 2009 se produce el gran cambio.

El equipamiento de serie de cualquier coche es mucho mejor ahora, en confort y seguridad, que hace unos años

Desde año, los sistemas de valoración cambian para incluir, además de la protección a los ocupantes adultos, los peatones y los niños, los sistemas de asistencia en seguridad. Se establece una puntuación por porcentajes y se entrega una valoración global mediante estrellas. Desde entonces, Euro NCAP asegura que las notas exigidas para obtener el mayor número posible de estrellas son más altas.

En 2013 se produce otro de los grandes cambios. Las notas en asistencia a la conducción caen drásticamente porque empiezan a tenerse en cuenta los sistemas de limitación a la velocidad. La situación se replica en 2014, cuando para aumentar la puntuación es necesario incluir de serie un sistema de alerta de cambio involuntario en el carril. El resultado es que solo el Land Rover Discovery y la Mercedes Clase V consiguen superar una valoración del 80% en el apartado de asistencia a la conducción.

Y es en 2016 cuando se produce uno de los cambios más importantes. Euro NCAP sólo valorará el equipamiento de serie en los vehículos y, de estar interesado el fabricante, hará una segunda valoración del mismo coche especificando esto. Es decir, aquellos fabricantes que esperen obtener cinco estrellas Euro NCAP en sus vehículos tendrán que contar de serie con elementos que en 2016 no eran tan habituales como el limitador de velocidad o el aviso de salida del carril.

El problema para los fabricantes es que ya no solo deben contar con algunos elementos de seguridad en su equipamiento, ahora los coches que tengan que contar de serie con las cinco estrellas tienen que sumar un equipamiento tecnológico que, con el paso de los años, también exigirá el recordatorio de los cinturones de seguridad traseros, sistemas de frenado de emergencia autónomos, pruebas más exigentes en el aviso de salida del carril o hasta control de fatiga o somnolencia del conductor desde 2020.

El problema para los fabricantes es que, de cara al público, las cinco estrellas Euro NCAP han dejado de ser algo aspiracional para convertirse en algo indispensable. Un problema para aquellos fabricantes que buscan rentabilidad ofreciendo estos sistemas en un paquete específico opcional y que se demuestra con las puntuaciones de los exámenes. De los 14 vehículos que en 2022 se han quedado en una valoración de cuatro estrellas, sólo el Toyota Aygo X cuenta con una valoración superior al 81% en las asistencias en la conducción. En el resto de examinados, sus bajas puntuaciones se corresponden a su intención de guardarse en opción estos sistemas de seguridad.

De los 52 vehículos que han conseguido cinco estrellas Euro NCAP, sólo nueve han bajado del 80% en su puntuación y ninguno ha caído por debajo de una protección del 70% en este ámbito. Y, pese a todo, un Volkswagen Polo (cinco estrellas y un 70% de valoración en asistencia a la conducción) también cuenta con control de fatiga, asistente de velocidad, asistencia de cambio de carril y frenada de emergencia. Han sido los malos resultados del asistente de velocidad y de la frenada de emergencia lo que le han llevado a obtener esta puntuación.

El cambio en el paradigma de los exámenes Euro NCAP es evidente: los coches son mucho más seguros de serie, pero también más caros. Es una situación que ataca directamente la filosofía de empresa de marcas como Volvo, que siempre han presumido de contar con los vehículos más seguros, y de Dacia, quienes han llegado a afirmar que les parece absurdo la obligación de contar con algunos sistemas de asistencia a la conducción que muchos conductores desactivan o no saben utilizar.

Algunos fabricantes como Dacia apostaban por unos extras mínimos para mantener el precio a raya, pero es una política cada vez más complicada

Esta “obligación” que se han ido autoimponiendo las marcas, presionadas por las más exigentes pruebas de Euro NCAP y la valoración de los propios consumidores, ha elevado los precios pese a que no ha sido hasta este año cuando Europa ha obligado a incorporar una enorme batería tecnológica en materia de ADAS para poder homologar los vehículos en nuestro continente. Unos sistemas entre los que se encuentra un limitador inteligente de carril, control de fatiga del conductor o una cámara trasera con alerta de tráfico cruzado.

Para hacernos una mejor idea, un Seat Ibiza en 2015 no tenía ni ordenador de a bordo. Hoy cuenta con frenada de emergencia y limitador de velocidad de serie. Por apenas 200 euros más se puede añadir faros antiniebla, ayuda de aparcamiento trasero y control de crucero. Un Dacia Logan actual cuenta de serie con ayuda de arranque en pendiente, faros LED, limitador de velocidad, luces automáticas y sensor de lluvia.

Pero si nos fijamos en el Nissan Qashqai, el superventas que más se ha encarecido en los últimos años, encontraremos que en 2015 no era posible incorporar luces automáticas en su versión más modesta. Hoy, de serie  incorpora faros Full LED, faros antiniebla LED, control de crucero adaptativo, asistente de cambio involuntario de carril, asistente de luz de carretera, ayuda de arranque en pendientes, detector de ángulo muerto, reconocimiento de señales de tráfico y luces automáticas.

Sencillamente, los gustos del consumidor

Si bien las instituciones europeas han presionado y obligado a aumentar los equipamientos de seguridad, han forzado a llenar el coche de elementos electrónicos y han provocado que nuestros vehículos cuenten con unos complejísimos sistemas anticontaminación cuya inversión no está pudiendo ser amortizada, los gustos de los consumidores también han terminado por elevar los precios indirectamente.

En primer lugar, los últimos diez años es la constatación de que el SUV es el coche de moda y el preferido por los potenciales compradores. El tamaño y la carrocería es el primer valor que tenemos en cuenta a la hora de elegir un vehículo y un vistazo a los coches más vendidos en España en 2022  confirma que los automóviles que más interesan a los potenciales clientes son SUV. De los 20 coches más vendidos el pasado año, 12 son modelos SUV y seis se cuelan entre los 10 más vendidos. Algo que prácticamente se calcó en 2021.

Además, hay que contar con que el segundo modelo más vendido, el Dacia Sandero, también cuenta con una versión Stepway que estéticamente le aporta ese aspecto SUV que muchos reclaman pero que suma ventas junto a la versión compacto (no sucede con el Toyota Yaris y Yaris Cross, por ejemplo). Una estrategia que también juegan otras marcas, con berlinas con toques camperos (como pasos de rueda de plástico o una suspensión ligeramente levantada) pero que no sucede en el sentido contrario en ningún caso (un SUV que tenga versión berlina).

En la gráfica con la que empezábamos este artículo se puede comprobar cómo los fabricantes son conscientes de esta moda. Apenas son excepciones los modelos SUV con un precio inferior a 20.000 euros. Por encima de los 50.000 euros la inmensa mayoría de los vehículos que encontramos son modelos SUV.

Los SUV han arrasado el mercado, y esa moda la paga toda la industria, no solo sus compradores

El mercado en estos años ha cambiado por completo. Si echamos la vista atrás, en 2014 no había ni un solo SUV en nuestro país entre los diez coches más vendidos. Compactos y utilitarios reinaban entonces. Repasar la lista de los más vendidos en 2018 es la confirmación de que ya se anticipaban los cambios: de los 20 más vendidos, siete modelos ya eran SUV (tres cerraban la lista) y el Nissan Qashqai ya era el tercer coche más vendido de nuestro país. Los Peugeot 3008 y 2008 también se colaban entre los 10 modelos más vendidos.

En este contexto, los fabricantes no han dudado en aplicar precios mayores a este tipo de vehículos. Un Kia Ceed gasolina con 120 CV parte de los 19.875 euros. Un Kia XCeed, con el mismo motor, parte de 21.712 euros. Un Peugeot 308 con motor de gasolina de 130 CV parte de los 26.300 euros. Un Peugeot 3008, ligeramente más antiguo y con el mismo motor, parte de los 33.050 euros.

No ya solo es una cuestión de moda. Los SUV son coches más pesados, más altos, consumen un mayor combustible y expulsan más emisiones contaminantes a igualdad de condiciones, lo que obliga a los fabricantes a emplear más dinero e ingenio para sortear las limitaciones europeas en esta última materia.

Pero, además, las exigencias mínimas y requisitos que le pedimos a un coche tampoco son los mismos. El nivel de equipamiento de los vehículos también se ha disparado y si antes hablábamos de seguridad, ahora hablaremos de elementos de confort.

Mientras que un Dacia Logan de 2015 carecía (y no era posible equiparlo en opción) de ordenador de viaje, de navegador o de retrovisores orientables eléctricos en su versión más modesta, hoy cuenta con pantalla táctil de ocho pulgadas o ayuda de arranque en pendiente. Sorprende al echar la vista atrás que ya en 2015 contaba con conexión Bluetooth para el teléfono móvil y USB-A, al tiempo que carecía de faros antiniebla.

Un Seat Ibiza básico de ese mismo año tampoco contaba con faros antiniebla, ordenador de viaje, conexión Bluetooth para el móvil o navegador. Con lo que sí cuentan ya todos los Seat Ibiza es con volante multifunción, pantalla táctil a color, puertos USB-C y el famoso Digital Cockpit para el cuadro de instrumentos. Además, por apenas 390 euros más, podemos añadir retrovisores y asientos calefactados.

Por último, volviendo al Nissan Qashqai, es donde encontraremos más diferencias. El SUV nipón carecía en su equipamiento más básico de 2015 (y no se podía añadir) del asiento regulable en altura para el conductor, el climatizador o el navegador. Hoy, un conductor de este mismo coche tiene asegurado contar con el mencionado climatizador, freno de estacionamiento automático, cuadro de instrumentos con pantalla a color, una segunda pantalla para el infoentretenimiento de ocho pulgadas, compatibilidad con Android Auto y Apple CarPlay, cargador inalámbrico para el teléfono móvil o tomas USB-A y USB-C.

Semiconductores, la atronadora lluvia de una tormenta perfecta

Todos estos condicionantes son algunos de los motivos que apuntan a un importante encarecimiento de los vehículos. Pero, además, hay que tener en cuenta que llevamos dos años viviendo una situación excepcional, desde que la pandemia de coronavirus se instalara en nuestras vidas. A los cierres de fábricas siguió una enorme crisis de semiconductores que la Guerra de Ucrania ha agudizado.

Sin duda, una serie de condicionantes que han complicado la distribución de automóviles, han elevado los precios de las materias primas y de la energía, de los semiconductores y, evidentemente, del precio final que han tenido que pagar los compradores.

El encarecimiento de algunas materias primas, como el paladio, el litio o el níquel también contribuye al encarecimiento

Para hacernos una mejor idea, ya en 2019 se calculaba que la electrónica incluida en cada vehículo tenía un peso medio de 40 kg y se podían contar hasta 2 kilómetros de cable por cada Seat Ateca. El problema ha venido cuando este mismo año hemos sabido que la cadena de suministro de Volkswagen se rompía porque con cada mazo de cables ahorraban cinco euros y su producción se había centralizado en Ucrania. Entonces, ya se calculaba que la presencia de cables había crecido hasta sumar, de media, cinco kilómetros por vehículo.

Y no solo eso, el encarecimiento de las materias primas ha provocado que la onza paladio pasara de 1.077 euros a finales de 2021 a los 3.024 euros que costaba en marzo. Y no ha sido el único metal que se ha disparado. Más allá del litio, indispensable para los coches eléctricos, el níquel también se ha encontrado ante una escalada de precios como no habíamos visto.

Con todos los retrasos y problemas en la fabricación, los fabricantes no lo han dudado: han subido precios y han priorizado la venta de sus modelos más costosos. 2022 ha sido la confirmación que los fabricantes necesitaban para dedicar sus esfuerzos a un menor número de ventas pero mucho más costosas.

Un contexto que también ha provocado otro movimiento en la industria: vender coches con paquetes de equipamiento cerrados. Equipamientos que, por supuesto, eran más completos y costosos que otras opciones que los fabricantes ofrecen a la carta pero que, sin embargo, garantizaban saltarse una lista de espera que en algunos coches ha llegado a superar el año, aunque poco a poco parece que esta situación está mejorando.


La noticia No es tu impresión: los precios de los coches se han disparado en los últimos años. Y tenemos los datos que lo demuestran fue publicada originalmente en Xataka por Javier Lacort y Alberto de la Torre .

8 January, 2023 Leer más →
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John Deere ya no quiere ser únicamente una empresa de tractores. También quiere serlo de satélites

John Deere ya no quiere ser únicamente una empresa de tractores. También quiere serlo de satélites

Cuando montó su negocio, en el segundo tercio del siglo XIX, John Deere era un herrero recién instalado en Illinois que supo innovar con la forma y material de los arados. Hace de aquello más de 180 años y tanto el sector agrícola, como su empresa, Deere & Company, hoy convertida en una gran multinacional, tienen poco que ver con los aperos de acero que martilleaba el viejo Deere.

Si quedaban dudas lo acaba de constatar esta misma semana Jahmy Hindman, directivo de la multinacional, al reconocer durante una entrevista con la cadena CNBC que una de las tecnologías a las que mira Deere en clave de futuro queda lejos de las forjas, maizales, invernaderos, granjas y silos. Incluso —al menos en lo que a distancia se refiere— de los tractores o los drones.

El campo en el que quiere ahondar la compañía es de la comunicación satelital. Y su interés es tan firme que ya está ultimando las gestiones para lograr un socio que le acompañe en el proceso.

Las declaraciones de Hindman en la CNBC son solo la constatación de una estrategia que la empresa avanzó ya en otoño, cuando anunció que estaba buscando aliados para su apuesta por las comunicaciones por satélite. Lo que hizo entonces fue emitir una Request for Proposals, documento comercial en el que manifestaba su interés en las SATCOM y solicitaba ofertas de contratistas.

“Desbloquear oportunidades importantes”

El objetivo es aprovecharse de sus posibilidades para conseguir “una solución de vanguardia” que mejore las capacidades de su flota y la conectividad satelital que ya ahora ofrece a sus clientes.

“Creemos que la comunicación satelital desbloqueará importantes oportunidades en la agricultura al permitir que los agricultores aprovechen las tecnologías innovadoras que se basan en información y comunicación en tiempo real”, destacaba Lane Arthur, otro directivo de la firma estadounidense.

A modo de ejemplo la compañía señala sus tractores autónomos, que se benefician de la comunicación en tiempo real a través del centro de operaciones de John Deere. “Los agricultores usan la aplicación para iniciar y detener la máquina, monitorear el trabajo que ejecuta y determinar qué debe hacer cuando encuentra un obstáculo”, detallaba Arthur en septiembre. Ahora la compañía reconoce que ha avanzado en su proceso para hacerse con un socio en su apuesta satelital.

“Nos hemos centrado en intentar resolver la conectividad a nivel mundial. Vemos los crecientes esfuerzos en los satélites de órbita terrestre baja [LEO] como un ejemplo, potencialmente, para que empecemos a resolver algunos de esos problemas de conectividad”, comenta Hindman. Con la tecnología Deere quiere crear un mapa geoespacial que ayude a los agricultores.

El movimiento de la compañía se enmarca en su apuesta por una agricultura cada vez más automatizada y eficiente, en la que se echa mano de recursos como la inteligencia artificial (IA), el aprendizaje profundo, cámaras y sensores. Para el próximo cambio de década aspira de hecho a disponer de un sistema de agricultura autónomo que pueda aplicarse a los cultivos en hilera.

Otro de los objetivos de la multinacional pasa por tener cerca de 1,5 millones de máquinas y 500 millones de acres de cultivo —lo que equivale a más de 202 millones de hectáreas— conectadas a su Centro de Operaciones basado en la nube ya a medio plazo, en el horizonte de 2026.

La apuesta tiene un claro reflejo en su negocio, en el que la comercialización de software ocupa un papel relevante. Hace no mucho su director ejecutivo, John May, admitía que espera que para finales de esta década las tarifas por uso del software generan ya el 10% de los ingresos de la firma.

Imagen de portada: John Deere


La noticia John Deere ya no quiere ser únicamente una empresa de tractores. También quiere serlo de satélites fue publicada originalmente en Xataka por Carlos Prego .

8 January, 2023 Leer más →